Search

Rss Posts

Rss Comments

Login

 

With a Little Help (From My Band)

Sep 24

Al final, las bandas están formadas por personas. Eso es lo que pasa, detrás de lo que sea: una carrera espléndida, un fracaso clamoroso, un hype de dos telediarios, un periodo maquetero de nunca acabar… Da igual, todas las bandas las forman personas. Escucho ahora mismo Nevermind, de Nirvana, en la víspera del vigésimo aniversario de su edición, y me pregunto si estos tipos ya se hablarían cuando Kurt Cobain decidió dar el pistoletazo de final a su existencia vital y, por tanto, al grupo. No tengo ni idea. Sí sé (porque lo vi, y es una anécdota que amigos y colegas han sufrido infinidad de ocasiones) que Violent Femmes, el trío original además, no se hablaban entre sí. Concretamente el cantante y el batería con el bajista. Lo sé porque tuvieron que ir en furgonetas diferentes cuando los llevamos al bolo del Teatro Cervantes de Málaga, tal era el grado de animosidad que existía entre ellos. Entonces me pareció un poco ridículo: ahora no tanto, la verdad. Teniendo en cuenta que estos tíos llevaban ya más de dos décadas tocando, era lógico que eso pudiera pasar.

Hace poco vi No Distance Left to Run (2010), documental que recoge el comeback de Blur de 2009, y que además aprovecha para repasar su carrera y, especialmente, sus relaciones personales. Las mismas que terminaron con la amistad entre Damon Albarn y Graham Coxon, quien desertó bajo su paraguas de tipo problemático antes de la grabación de Think Tank. Ya hacía mucho que la amistad forjada en los primeros tiempos se había desvanecido. Y aunque una tiende a inclinarse en favor de Albarn como motor y alma de la banda, no puede evitar sentir cierta empatía con el guitarrista, alcohólico y por momentos un poco aniñado, más cercano a ese Ringo contrariado de A Hard Day’s Night que se da un garbeo por ahí, a sabiendas de que nadie le hace caso (o precisamente por eso).

Las peleas, puñaladas, traiciones y vomitonas verbales (en libros, declaraciones, cualquier cosa) entre miembros de bandas, ya fueran colegas, parientes, parejas o amigos del alma, están presentes a lo largo de toda la historia del rock. Veamos otro ejemplo: Love. Si leéis el libro escrito por su batería, Michael Stuart-Ware (Entre bastidores. De viaje con el grupo Love, Metropolitan, 2008), en el que las referencias a Arthur Lee son tan afiladas como escasas, os daréis cuenta de por qué se presentaba a la banda como ‘paradójica’ en cuanto a su propio nombre. ¿Cómo una banda podía hacerse llamar Amor, cuando dentro de ella no había más que Odio? No faltaban, más bien al contrario, las puyitas, los puteos, entre unos y otros. El retrato que de Lee se ofrece en el relato es bastante negativo, y eso descorazona a los fans de canciones tan increíblemente bellas como Andmoreagain: “… And you don’t know how much I love you”. Por decir una, no más, de su masterpiece: Forever Changes. Todo parece indicar, al menos según Stuart-Ware, que eran francamente cabroncetes los unos con los otros.

Bueno, y por no hablar de la robada-de-novia de Johnny a Joey de los Ramones. Eso me dolió hasta a mí. Cuando vi End Of The Century lloré a moco tendido con el mal de amores de Joey, reflejado al parecer en The KKK took my baby away. Sinceramente, no sé como coño pudieron seguir juntos después de eso.

Porque hay bandas que siguen y siguen, a pesar de todas estas movidas: por interés, o por una especie de llamada supraterrenal y ajena a las mezquindades humanas que les permite seguir haciendo música para solaz de todos los demás. En este último caso serían casi mártires, ¿no? ¿Quién puede seguir tocando con un compañero al que detesta? John Lydon no aguantó ni un disco, ahora bien, cualquiera seguía el ritmo rumboso de unos Sex Pistols inspirados (y también mangoneados) por Malcolm McLaren. Éste último era muy amiguito de Steve Jones y de Paul Cook, y al pobre Rotten le hacían el vacío. Lo cuenta en su autobiografía, un monumento al resentimiento llamado Rotten: No Irish, No Blacks, No Dogs. La autobiografía autorizada de Jonnny Rotten, cantante de los Sex Pistols (Acuarela, 2007). Claro que donde nunca hubo, no se retuvo. El problema es cuando es al contrario.

Donde hubo un parloteo intrascendente sobre tal y cual disco, o acerca de esas canciones que te someten a un aburridísimo aislamiento en la adolescencia, y que sin embargo más adelante te acercan a un inusitado desconocido. Donde hubo una amistad y un recíproco sentimiento de camaradería. Donde hubo una diversión absoluta y necesariamente inherente al rock and roll. Donde hubo confianza y pique constante, inspiración y conjunción astral, comunión en torno a toda esa música que se ama y que en algún momento es capaz de unir a unos y otros para crear algo, se ignora si nuevo, al menos auténtico… Ya no queda nada. Entonces volvemos al principio. Las bandas están formadas por personas. Ojalá estuvieran compuestas de iguanas.

2 Comments

Add your comment

  1. critic on
    Dec 02 at 13:10

    No se si te sirve de consuelo pero, la energia ni se crea ni se destruye;solo se transforma.

  2. Locutriz
    Dec 04 at 18:58

    Quizá sea un consuelo, Peter :)

Post a comment