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Desenterrando Exile on Main St. Bill Janovitz (colección 33 1/3)

Nov 08

Un espíritu de cuerpo presente (Gram Parsons) se encuentra desparramado en el underground, en el subsuelo de Exile on Main St. (Atlantic, 1972). Arranco el texto con una de las millones de conclusiones a las que Bill Janovitz (guitarrista y compositor de Buffalo Tom) llega a lo largo de la narración del disco de los Rolling Stones, el ‘disco de Keith’, fabulosa pieza que forma parte de la colección 33 1/3 (colección que podemos disfrutar por fin en España a través de Discos Crudos/Libros Crudos). Gracias a las meticulosas, documentadas y muy pertinentes descripciones de Janovitz (aquí confluyen, felizmente, el rigor periodístico y el conocimiento musical) podemos afrontar cada una de las escuchas del Exile como si, sencillamente, fuera la primera vez que lo hacemos. Como si de una primera cita se tratara, nos encontramos ante nuestras narices con un elepé doble que no por conocido deja de ser estimulante a cada una de las escuchas. Especialmente por las condiciones en que fue parido, grabado y mezclado. El viaje comienza en Inglaterra, continúa en el exilio dorado de la legendaria Villa Nellcôte (el refugio de la familia Richards, la enorme mansión decimonónica localizada en Villefranche-Sur-Mer, cerca de Niza y Cannes), y finaliza en Los Ángeles, donde la capa gospel se materializa en virtud de la presencia vocal de cantantes como Clydie King y Vanetta Field (las acreditaciones de éstas, así como de otros participantes en la grabación, no están resueltas del todo; se dice que pudo intervenir también Merry Clayton, la espectacular voz de Gimme Shelter).

Janovitz proclama el Exile como “el mejor disco de rock and roll de todos los tiempos”*, berrinches ajenos aparte. Y elogia acaloradamente al trompetista Jim Price y al saxo Bobby Keys (”¿han sonado alguna vez mejor los vientos en una grabación?”, se pregunta), si bien la palma se la lleva Nicky Hopkins, pianista que alcanzó en el caos de aquellas sesiones unas grandes cotas de inspiración. Los Stones querían algo más que el blues y el boogie-woogie de Ian Stewart, y Hopkins se convirtió en su mejor aliado a las teclas. La regularidad y el temple de Charlie Watts brilla en canciones como Casino Boogie, especialmente merced a un “creativo ritmo de charles para mantener el tiempo”. Eso sí, para soluciones rítmicas [no poco importantes] también estaba el productor del disco, Jimmy Miller, batería/percursionista “ampliamente reconocido por ayudar a los Stones a encontrar sus famosos grooves“. Su mano rítmica se hace notar en Sweet Black Angel (oda dedicada a Angela Davis, profesora de la UCLA y activista que deslumbró a todo Estados Unidos en 1970 por su coraje, orgullo y hermosura). Canción que marca la transición, según el autor, del southern rock de los Allman Brothers (con dejes country) con el que podemos identificar a Torn and Frayed, y las influencias españolas y africanas de una tonada peculiar en la carrera de los británicos.

El mejor compendio de la música popular americana que se haya grabado, y así asumido por la crítica de forma contundente, es un disco de rock and roll 50’s, folk, paisajes country, gospel de llamada-respuesta y, por descontado, blues. Con homenaje a Slim Harpo incluido (en el número de Shake Your Hips). Que Jaggers y Richards se habían empollado bien la música popular americana, y que con el Exile firmarían la reválida de por vida, es un hecho. Otra cosa es que el estatus mainstream de la banda de rock and roll más grande de todos los tiempos fastidie a quienes quieres ser más papistas que el propio Papa. En fin, ellos se lo pierden.

“La joie de vivre que se supone refleja el rock and roll” convierte a Happy en una canción paradigmática (en ese sentido). En tan sólo tres minutos resume a la perfección ese inmanente estado de excitación y entusiasmo que permite, en tantas ocasiones, volver a tomar aliento en un mundo francamente cretino. Iniciarse de nuevo en un ritual ya conocido, que Richards, el “hombre-riff” al que Janovitz adora de forma poco disimulada, se encargaba de materializar en diferentes estancias de Nellcôte. La cocina en la que voces infantiles y ronroneos cotidianos se mezclaban con ensayos convertidos, por sorpresa, en grabaciones. Los pequeños accidentes que se iban sucediendo, felizmente, en una grabación que fue enterrando incluso sus propios hallazgos: algunos reflotaron en la fase de postproducción angelina; otros quedarían a merced de adiestrados oídos.

“Mick venía del respeto por la experiencia negra, o la música negra. La grandeza siempre surge del espíritu”. Lo dice Tamiya Lynn (en el disco aparece como Tammi), una de las coristas gospel que participa en la grandiosa Let it Loose. Exile es un disco con momentos arrebatadores y espirituales, en el que la tradición del soul fluye maravillosa en sus diferentes interpretaciones, y se vuelve a escribir con notas escritas por jóvenes obsesionados, precisamente, con viejas tonadas y paisajes que parecían salir de la cámara de Robert Frank (algunas de las fotos de su serie The Americans aparecen en el diseño del álbum). En el que la mitología americana no sólo se despliega en la estética de la carpeta, sino en las propias narraciones, tablas de salvación de auténticas “víctimas de la supervivencia”, en palabras de Lester Bangs. Soul Survivor cierra una galería de personajes que sirven de inspiración en esta autopista imaginaria que los Stones, con Richards, Jagger, Watts, Mick Taylor y Bill Wyman (amén de otros talentos colaboradores que contribuyeron decisivamente a construir la leyenda del Exile), trazaron a lo largo de 18 canciones. Donde “el mito rural y agrario, la mítica América explorada por Dylan y la Banda; la sabiduría callejera de hipster urbano [...] y fanfarrón pavoneo de los bluesmen de Chicago” se sumó a las propias vivencias de la banda en el sur de Francia. En aquel exilio extraño, no exento de tensiones, en una estancia paradisíaca por momentos, una inspirada excavación musical realizada con respeto y devoción que dio lugar, sí, al mejor disco de rock and roll de todos los tiempos.

*Todos los entrecomillados son citas textuales extraídas de Exile on Main St., Bill Janovitz, editado por Libros Crudos. La fotografía es de Dominique Tarle.

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