“Tonight is the night” (Gracias, Neil)
Sep 09
Me fui a ver Neil Young a Lisboa el año pasado. Cuando volví no tuve más remedio que escribir mi más sentido agradecimiento a un artista maravilloso.
“Tonight is the night”. Eso deberá pensar Neil Young, convertido ya en un “Old Man” (como su preciosa canción del “Harvest”), cada vez que sale al escenario. Cada noche debe de ser única y especial para una persona que ha vivido mucho, y que es consciente de ello. Cada concierto puede ser la celebración de versos como “I still live in the dreams we have/ for me it’s not over”, o “Hey hey, my my/ rock and roll will never die”, la exhibición de una manera apasionada de rasgar la guitarra, de una voz sacada de lo más profundo de su “Heart of Gold”.
Cuando Neil Young apareció en el escenario, el cansancio del viaje a Lisboa desapareció. Fue realmente emocionante observar como iba subiendo toda la banda (His Electric Band, ejemplo de oficio e inspiración), para finalmente vislumbrar la figura del canadiense, ataviado de nuevo con su traje de pintor loco. “¡¡¡¡¡¡¡Mira, mira Isa, a tu derecha!!!!!!!!!!!!” fue lo que me dijo Pedro, en cuanto se dio cuenta de que él ya estaba allí. Con su Old Black, preparado para recordarnos que canciones tan maravillosas como “The needle and the damage done” o “Words” justifican una vida entera. El comienzo fue brutal: “Love and only love” y “Powderfinger”. Con la primera, nada más empezar, ya empezó a hacer de las suyas, extrayendo de su guitarra ese sonido que le caracteriza… Fue ahí cuando casi lloré de la felicidad por ver a Neil Young por fin en acción, después de todos estos años emocionándome con su música.
Alternó con estilo (y algo más de afabilidad que en su cita madrileña: “Folks”, llegó a llamarnos) un directo en el que utilizó el “Rockin’ in a free world” (un tema que a mí no me gusta nada, por todo lo que de himno julay tiene, no sé) para colgarse la acústica y la armónica e iniciar la parte folk, con sus correspondientes guiños camperos (no faltó la pedal steel ni el banjo, muy aplaudido, por cierto, cuando tocó “Old Man”). También se sentó a un viejo órgano de iglesia para ponernos los pelos de punta con una sentida interpretación de “Mother Earth”. Volvió la electricidad, y con ella esos solos que parecen no tener fin y que constituyen la médula espinal de los directos de Neil Young (con Crazy Horse, sin Crazy Horse, o con la madre que lo parió). Esas improvisaciones que tanto irritan a quienes van a un concierto de este genio sin entender su música (y sin gustarle, por tanto).
“No Hidden Path” fue un ejemplo significativo de lo que estoy diciendo: casi 15 minutos de canción dentro de su último álbum (“Chrome Dreams II”), que en directo se prolongaron todo lo que el autor de “Cinnamon Girl” quiso. Después se fue, ¿extenuado? No lo creo, a juzgar por su nueva aparición en un bis donde se dedicó a revisar el “A day in the life”. Personalmente no me convence esta versión, puede ser una buena idea cambiar la fabulosa orquestación del clásico de los Beatles por una guitar storming marca del artista… pero yo hubiera preferido que se tocara un “Black Bird”, o incluso “Helter Skelter” (esto ya son tonterías mías).
Muchos son capaces de admirar como viejas glorias aún exhiben un tipo estupendo y se mueven en el escenario con el mayor de los carismas (pienso en un Mick Jagger, en un Iggy Pop…). Pero yo me quedaré para siempre con la imagen de Neil Young alzando su Gibson, con sus cabellos blancos al viento, la mirada de quien ama el rock como a la vida misma, regalándonos una estampa imborrable, digna de pegarla en nuestros más queridos recuerdos.
Cualquier concierto de Neil Young presenta un repertorio ideal de canciones (es lo que tiene haber firmado tantas obras maestras, en sus diferentes proyectos musicales). Por eso no me importa haberme quedado sin escuchar “Fuck’n up”: ya aguardo la esperanza de poder hacerlo en una nueva gira del genio con sus Crazy Horse (y Ralph Molina aporreando la batería, ¡guau!). No me importa que ese día no tocara mi canción favorita de todos los tiempos (la de la chica canela, que tantas sensaciones especiales me provoca), ni “Alabama” (que apenas pude aprender a tocar torpemente), ni “Tell me why”, ni “The Loner”, ni “Country Home”, ni “When you dance I can really love”, ni tantas… De cualquier forma, gracias Neil. Por tu música, por haber contribuido a que Pedro y yo nos encontrásemos. Por darnos momentos felices como el de la noche del sábado. Por ser tan GRANDE.
PD. Gracias a Luis, igualmente, por descubrirme la música de Neil Young.
Sep 09 at 19:19
Gracias por el enlace. Me ha permitido leer estas impresiones sobre “El Tío”. Bienvenida al club.
Sep 18 at 03:42
hola, te felicito, he leido tu comentario y es sumamente exquisito y conmovedor, vivo en mexico df y espero algun dia vel a young por aqui si es que llega a venir. espero me escribas para cambiar impresiones sobre su musica
Sep 18 at 11:07
Muchas gracias, José Antonio, por tus impresiones.. Ojalá puedas verle alguna vez en directo, creo que es una de las experiencias más bonitas que he tenido en mi vida..