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Posts from November, 2009

Comportamientos socialmediáticos (part. 1)

Nov 22

Supongo que el mundo de las redes sociales está sobrepasando a teóricos y analistas, que apenas tienen tiempo ya para interpretar detenidamente la evolución de la comunicación en el medio digital. Como no soy teórica y en este inmenso maremágnum de datos me pierdo irremediablemente, prefiero observar comportamientos y tomar nota para poder extraer algunas pequeñas conclusiones.

La red la convertimos en social porque todo el “internautado” (permitidme el palabro) forma parte de ella, e interactuamos en ella como personas que somos. En este sentido, no puedo dejar de pensar en una especie de sala virtual a la que entramos y salimos para entrar en contacto con otros congéneres. ¿Hace falta pegar gritos, agitar las manos para que nos vean/lean mejor? Algunos pensarán que sí, aunque eso mismo no lo harían en otro espacio paralelo, el real (en, pongamos, un bar). Pues eso mismo, en un afán de notoriedad sin límites, es lo que hacen algunos en este espacio donde ese cierto halo de irrealidad desata las más ridículas intervenciones, un mal uso del social media que, como otras cosas en esta vida, puede volverse contra uno mismo (si no se utiliza bien).

Observo también diferentes tipos de emisores y receptores dentro de la red social: el ausente, el agradecido, el receptivo, el “solo emisor”, y el “superemisor coñazo”. El ausente (como bien indica la palabra), no está. Figura como socio del club, pero no va a ver ningún partido. Es invisible. El agradecido es un receptivo necesario, como esos centrales leñeros a los que aborreces cuando no juegan contigo (pero que adoras si militan en tu equipo). El receptor agradecido está ahí para apoyarte y demostrar el feedback que generan tus publicaciones (ya sea en forma de “estado”, “enlace” o “evento”). El emisor receptivo publica más bien poco, básicamente es receptor de mensajes, y se muestra receptivo a la hora de recibirlos (nunca mejor dicho, vaya trabalenguas). Opina o interviene en las publicaciones de los demás, en muchas ocasiones para secundar lo publicado por el emisor de turno (o no). El “solo emisor” nunca participa en conversaciones ajenas, se siente portavoz de sí mismo de alguna manera, y establece, en cada intervención, una suerte de “he dicho” un tanto irritante. De cualquier manera, puede ser un emisor interesante, poco complaciente con los demás elementos, y muy seguro de que sus mensajes van a ser leídos/seguidos/interpretados por el resto de la comunidad.

Ahora bien, y llegando ya al final de este post pseudoteórico, tengo que detenerme en uno de los fenómenos que más me llaman la atención de estos comportamientos virtuales. El “superemisor coñazo” es un yo gigante que vocifera a los cuatro vientos todo lo que hace. Poco le importa si genera feedback o no, si el resto de la comunidad considera relevantes sus propuestas o le “echa cuenta” (me encanta esta expresión). Es la autopromoción mal entendida, pues si de autopromoción hablamos, hay que ser especialmente cuidadoso para no generar rechazo en los demás. Al “superemisor coñazo” le importa un comino eso mismo, no se muestra empático con sus amigos, está demasiado ocupado en su papel de yo-emisor.

El saber estar es muy importante en esta vida, claro está que en los social media también. Hay emisores sociales muy gamberros y divertidísimos que quizá no se detengan mucho a pensar en la reputación o imagen que proyectan de sí mismos dentro de la red. Pero lo que es imperdonable, en esta vida, es ser un coñazo. Esta frase no es mía, es de Michi Panero (en referencia a su hermano Leopoldo María). Creo que viene muy bien para concluir esta disertación sobre los comportamientos socialmediáticos.

La fotógrafa y la modelo

Nov 08

Exponerse ante una cámara no es fácil, especialmente cuando no se tiene costumbre. Sin embargo, a mis 34 años, llevo sintiendo desde hace tiempo la llamada de una experiencia estética en la que podía mezclar cierto anhelo vanidoso con la necesidad de inmortalizar un cuerpo que, se sabe, es de naturaleza perdurable. De paso, me ofrecía como modelo para que una artista en ciernes pudiese realizar un interesante ejercicio de estilo (al calor de mi propia desnudez). Eso sí, la manipulación no podía ir más allá del uso de focos, y de la cámara en sí misma. Sin retoques. La sola idea de verse forzada a captar el instante le gustaba mucho a la fotógrafa en cuestión. Por mi parte, quería asegurarme de que las imágenes destilasen autencidad, y me mostrasen tal y como soy en este preciso momento.

El estilismo lo fuimos más o menos decidiendo en un intercambio de mails muy enriquecedor. Nuestro referente estético, como no podía ser de otra forma, era Patti. Mapplethorpe extrajo toda la poesía de su cuerpo a través de magníficas instantáneas, y nosotras estábamos dispuestas a inspirarnos en ellas. Así, un homenaje dio paso a otro. En la portada de “Horses”, nuestra heroina se cuelga una chaqueta en honor a Sinatra. En la sesión del pasado lunes, comenzamos con un modelo improvisado formado por una camiseta con la imagen de Patti (que mi querida Mia retocó en su momento para mí), pantalones negros ajustados de tela, y una camisa blanca que osé colgarme de manera similar. De alguna forma, le devolvemos así todo el cariño a una artista que nunca ha dudado en proclamar a los cuatro vientos de dónde vino y cuáles eran sus ídolos. Mariví me propuso fumar, así que me fumé medio cigarrillo a las 10 de la mañana. Algo insólito en mí, pero que sin embargo me apetecía muchísimo hacer, pues soy de las que sigue creyendo en el glamour del humo. Desde el principio pensé que convertir mi habitación en un estudio improvisado podía ser muy interesante, pero habría que ambientar la sesión con la música adecuada. Elegí el “Forever Changes”, de LOVE, un bellísimo álbum de canciones absolutamente inspiradoras. A la beatleniana Mariví le encantó la idea. El sonido de LOVE inundaba la estancia mientras yo ensayaba posturas frente al espejo…

Pronto no me quedó más remedio que mirar a la cámara, sin duda lo peor de todo para alguien que no las tiene todas consigo. Eso me costó mucho más que desnudarme. Desnudarme fue lo más sencillo de todo, lo único que tenía que hacer era desvestirme, y eso lo haces simplemente (no es algo que pueda salir bien o mal). Fijar la vista en la cámara es algo mucho más profundo, complejo y acojonante. La mirada del temor a que la cámara no te capte como tú quieres verte… Grace Slick, otra gran mujer como Patti, sonaba al tiempo que los disparos de Mariví, muy concentrada en la composición más adecuada, la postura deseada, la expresión precisa. Dificilísimo, debe de ser, el arte de escrutar la imagen de alguien a través de una máquina. Hablamos largo y tendido de las bondades de lo analógico, del cuarto oscuro, de la magia del revelado. Volví a vestirme, me puse unos viejos tacones de mi madre, muy recogidos. Y comencé a sentirme cómoda en mi papel de modelo. Por fin.

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