Comportamientos socialmediáticos (part. 1)
Nov 22
Supongo que el mundo de las redes sociales está sobrepasando a teóricos y analistas, que apenas tienen tiempo ya para interpretar detenidamente la evolución de la comunicación en el medio digital. Como no soy teórica y en este inmenso maremágnum de datos me pierdo irremediablemente, prefiero observar comportamientos y tomar nota para poder extraer algunas pequeñas conclusiones.
La red la convertimos en social porque todo el “internautado” (permitidme el palabro) forma parte de ella, e interactuamos en ella como personas que somos. En este sentido, no puedo dejar de pensar en una especie de sala virtual a la que entramos y salimos para entrar en contacto con otros congéneres. ¿Hace falta pegar gritos, agitar las manos para que nos vean/lean mejor? Algunos pensarán que sí, aunque eso mismo no lo harían en otro espacio paralelo, el real (en, pongamos, un bar). Pues eso mismo, en un afán de notoriedad sin límites, es lo que hacen algunos en este espacio donde ese cierto halo de irrealidad desata las más ridículas intervenciones, un mal uso del social media que, como otras cosas en esta vida, puede volverse contra uno mismo (si no se utiliza bien).
Observo también diferentes tipos de emisores y receptores dentro de la red social: el ausente, el agradecido, el receptivo, el “solo emisor”, y el “superemisor coñazo”. El ausente (como bien indica la palabra), no está. Figura como socio del club, pero no va a ver ningún partido. Es invisible. El agradecido es un receptivo necesario, como esos centrales leñeros a los que aborreces cuando no juegan contigo (pero que adoras si militan en tu equipo). El receptor agradecido está ahí para apoyarte y demostrar el feedback que generan tus publicaciones (ya sea en forma de “estado”, “enlace” o “evento”). El emisor receptivo publica más bien poco, básicamente es receptor de mensajes, y se muestra receptivo a la hora de recibirlos (nunca mejor dicho, vaya trabalenguas). Opina o interviene en las publicaciones de los demás, en muchas ocasiones para secundar lo publicado por el emisor de turno (o no). El “solo emisor” nunca participa en conversaciones ajenas, se siente portavoz de sí mismo de alguna manera, y establece, en cada intervención, una suerte de “he dicho” un tanto irritante. De cualquier manera, puede ser un emisor interesante, poco complaciente con los demás elementos, y muy seguro de que sus mensajes van a ser leídos/seguidos/interpretados por el resto de la comunidad.
Ahora bien, y llegando ya al final de este post pseudoteórico, tengo que detenerme en uno de los fenómenos que más me llaman la atención de estos comportamientos virtuales. El “superemisor coñazo” es un yo gigante que vocifera a los cuatro vientos todo lo que hace. Poco le importa si genera feedback o no, si el resto de la comunidad considera relevantes sus propuestas o le “echa cuenta” (me encanta esta expresión). Es la autopromoción mal entendida, pues si de autopromoción hablamos, hay que ser especialmente cuidadoso para no generar rechazo en los demás. Al “superemisor coñazo” le importa un comino eso mismo, no se muestra empático con sus amigos, está demasiado ocupado en su papel de yo-emisor.
El saber estar es muy importante en esta vida, claro está que en los social media también. Hay emisores sociales muy gamberros y divertidísimos que quizá no se detengan mucho a pensar en la reputación o imagen que proyectan de sí mismos dentro de la red. Pero lo que es imperdonable, en esta vida, es ser un coñazo. Esta frase no es mía, es de Michi Panero (en referencia a su hermano Leopoldo María). Creo que viene muy bien para concluir esta disertación sobre los comportamientos socialmediáticos.