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Posts from September, 2009

Patti

Sep 30

“Quiero vivir mucho tiempo. Quiero ser una fuente constante de irritación todo el tiempo que sea posible”.

Como si de muñecas rusas se tratara, ella tuvo sus héroes y yo la tengo ahora a ella como heroína. Masturbarse catorce veces en pleno proceso creativo, colgarse la chaqueta pensando en parecerse a Sinatra, oscilar entre el amor por los hombres y su androginia exultante y desafiante, todo eso, junto con aquel legendario verso (”Jesús murió por los pecados de unos/ no por los míos”), me hacen admirarla hoy más que nunca. Ahora sé que se atreve en directo con una versión de mi canción favorita de los Byrds: “So you want to be a rock and roll star”. También que, además de adorar a Keith Richards y Brian Jones, tenía como referente a una estrella de la televisión americana, un tal Johnny Carson: de este sujeto en cuestión copió Patti Smith unas técnicas destinadas a que cierta elegancia saliera indemne en un ambiente claramente hostil. El que debió de soportar en sus primeros tiempos como poetisa del rock.

Arrastrando tanta muerte (en pocos años perdió a su marido, hermano, padres, y amigos del alma como Robert Mapplethorpe), es sorprendente el ansia vital que define a esta mujer-mujer. Sorprendente anhelo, y maravilloso, ¿por qué no vivir? Convirtió, según aseguró ella, “su duelo en danza”. La pérdida deviene, supongo, en forzosa introspección: si bien, curiosamente, el encadenamiento de funerales puso punto y final a un retiro de más de quince años. Fue así como, hace más de una década, Patti Smith pasó de ser madre y esposa, a viuda y renacida dama del rock. Los cabellos blancos delatan el paso del tiempo, no así su afán por ser “constante fuente de irritación”. Lo dice ella misma.

Realmente amo a esta mujer. Es totalmente diferente a las demás. Sus comienzos pudieron ser un poco torpes e infantiles, con todo ese afán por convertirse en Arthur Rimbaud. Pero pocos debuts discográficos pueden parecerse a “Horses”. De cómo pasó a ser rapsoda y aspirante a sacerdotisa pagana a estrella del punk sólo pueden dar cuenta sus contemporáneos (quienes tuviesen la suerte de seguir sus primigenios devaneos en las iglesias neoyorquinas). “Cuando era adolescente planchaba más que ninguna. De modo que sabía lo que era ser marginada, y como Walt Whitman dice joven poeta que estás ahí parado, llego a ti a través del tiempo, yo quería que Horses dijera: si te sientes fuera de lugar en todas partes, ojalá esto te inspire o te dé alguna tregua“, ha afirmado, orgullosa.

Habrá “Gloria” más rabioso y apasionado… No, ni siquiera el de Jim Morrison. Un latigazo eléctrico parece recorrer su delgadísimo cuerpo cuando deletrea ese fabuloso nombre: G-L-O-R-I-A. Un encabalgamiento de poses rockeras, de aullidos seguidos por unos coros que de los que la propia señora Smith se vanagloria. Y al final, ralentizado elipsis seguido de un corto break rítmico que da lugar a la traca final. “Gloria”, nunca un nombre de mujer supo tanto a rock and roll. Del de verdad.

“Redondo Beach” es la canción que menos me gusta de este disco. Aquí cambia de registro, la voz es más nasal y arrastrada, pero la cadencia reggae sigue chirriando para mí en uno de los mejores álbumes de rock de todos los tiempos. El tercer corte, “Birdland”, es el regreso de una Patti que recita con su voz más encantadora, secundada por músicas de ensueño en las que ella navega hasta llegar a su timbre habitual, el de guerrera melódica por excelencia. Y vuelta a la arenga literaria de la que hacía gala en sus primeros devaneos sónicos, sumida en su papel poético al tiempo que las guitarras se vuelven cada vez más sucias y el piano repite, lacónico, sus notas. Y de vuelta a cierto convencionalismo, marcada por unas teclas que recuerdan al más demoledor de los dramas, nos encontramos con “Free Money”. Un tema más estándar en el que no faltan los recitados de la amazona, reforzados por una batería marcial que da pie al estribillo extraño y desquiciante, a la Patti en estado puro. Una vez más, el caballo se desata y cabalga, cabalga, cabalga. Rutilante, poderoso, certero, eficaz. Se intuyen unos coros que finalmente se funden con ella, para luego volver a darle todo el protagonismo a su fraseo: endiablado, rutilante, especial.

Vacilona, esgrime su condición cool en “Kimberly”, y comparte talento con el genial Tom Verlaine en “Break it up”, quien se hace notar con un virtuosismo inherente a él mismo y presente en los imprescindibles Television. “Land” es Patti en su más pura esencia, palabra hablada y cantada (spoken word). La magna pieza de este mítico álbum, producido por el antipático de John Cale, divide sus diez minutos en tres partes: “Horses”, “Land of a thousand dances” y “La mer (de)”. Nuestra mujer susurra, narra, grita, se retuerce y se corea a sí misma, nos exige toda la atención sobre sus letras, la recién nacida lírica del rock.

Un piano dramático marca la pauta “Elegie”, y da paso a una rabiosa cover de “My Generation” (tomada de un concierto celebrado en Cleveland en 1976)… Resulta a veces sorprendente lo que esta mujer puede engrandecer cualquier clásico: lo ha hecho, recientemente, en su álbum de versiones (”Twelve”), con temazos como “Gimme Shelter” (de los Stones), o “Changing of the Guards” (Dylan). Quizá el secreto resida en una asumida condición de auténtica y rendida fan que rinde pleitesía a quienes ella considera grandes (sin apenas percatarse de lo que grande que ella misma es).

“45 revoluciones”. Despedida y cierre

Sep 10

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Ahí van unos pocos segundos de la última edición de “45 revoluciones”, tras un lustro de emisiones en la emisora local Cadena Mar. Una última reivindicación de aquel espacio que nació para dar salida a mi pasión por la música independiente (que actualmente continúo sintiendo con la misma intensidad). Ocurrió en 2002. El programa pasó a mejor vida, a pesar de que en su momento aseguré con vehemencia que seguiría en una estación de radio aún más pequeña, todavía más residual… “45 revoluciones” se fue para no regresar nunca más. Se fueron con él cinco años de prensa musical hablada, crónicas de conciertos (Yo La Tengo, FIB’s), críticas de discos, entrevistas a grupos locales (entre ellos los primerizos Airbag, Orange, Oniria, o la banda de garage Intoxicated Men), monográficos (Pearl Jam, Teenage Fanclub, Frank Zappa)…

“Tonight is the night” (Gracias, Neil)‏

Sep 09

Me fui a ver Neil Young a Lisboa el año pasado. Cuando volví no tuve más remedio que escribir mi más sentido agradecimiento a un artista maravilloso.

“Tonight is the night”. Eso deberá pensar Neil Young, convertido ya en un “Old Man” (como su preciosa canción del “Harvest”), cada vez que sale al escenario. Cada noche debe de ser única y especial para una persona que ha vivido mucho, y que es consciente de ello. Cada concierto puede ser la celebración de versos como “I still live in the dreams we have/ for me it’s not over”, o “Hey hey, my my/ rock and roll will never die”, la exhibición de una manera apasionada de rasgar la guitarra, de una voz sacada de lo más profundo de su “Heart of Gold”.

Cuando Neil Young apareció en el escenario, el cansancio del viaje a Lisboa desapareció. Fue realmente emocionante observar como iba subiendo toda la banda (His Electric Band, ejemplo de oficio e inspiración), para finalmente vislumbrar la figura del canadiense, ataviado de nuevo con su traje de pintor loco. “¡¡¡¡¡¡¡Mira, mira Isa, a tu derecha!!!!!!!!!!!!” fue lo que me dijo Pedro, en cuanto se dio cuenta de que él ya estaba allí. Con su Old Black, preparado para recordarnos que canciones tan maravillosas como “The needle and the damage done” o “Words” justifican una vida entera. El comienzo fue brutal: “Love and only love” y “Powderfinger”. Con la primera, nada más empezar, ya empezó a hacer de las suyas, extrayendo de su guitarra ese sonido que le caracteriza… Fue ahí cuando casi lloré de la felicidad por ver a Neil Young por fin en acción, después de todos estos años emocionándome con su música.

Alternó con estilo (y algo más de afabilidad que en su cita madrileña: “Folks”, llegó a llamarnos) un directo en el que utilizó el “Rockin’ in a free world” (un tema que a mí no me gusta nada, por todo lo que de himno julay tiene, no sé) para colgarse la acústica y la armónica e iniciar la parte folk, con sus correspondientes guiños camperos (no faltó la pedal steel ni el banjo, muy aplaudido, por cierto, cuando tocó “Old Man”). También se sentó a un viejo órgano de iglesia para ponernos los pelos de punta con una sentida interpretación de “Mother Earth”. Volvió la electricidad, y con ella esos solos que parecen no tener fin y que constituyen la médula espinal de los directos de Neil Young (con Crazy Horse, sin Crazy Horse, o con la madre que lo parió). Esas improvisaciones que tanto irritan a quienes van a un concierto de este genio sin entender su música (y sin gustarle, por tanto).

“No Hidden Path” fue un ejemplo significativo de lo que estoy diciendo: casi 15 minutos de canción dentro de su último álbum (“Chrome Dreams II”), que en directo se prolongaron todo lo que el autor de “Cinnamon Girl” quiso. Después se fue, ¿extenuado? No lo creo, a juzgar por su nueva aparición en un bis donde se dedicó a revisar el “A day in the life”. Personalmente no me convence esta versión, puede ser una buena idea cambiar la fabulosa orquestación del clásico de los Beatles por una guitar storming marca del artista… pero yo hubiera preferido que se tocara un “Black Bird”, o incluso “Helter Skelter” (esto ya son tonterías mías).

Muchos son capaces de admirar como viejas glorias aún exhiben un tipo estupendo y se mueven en el escenario con el mayor de los carismas (pienso en un Mick Jagger, en un Iggy Pop…). Pero yo me quedaré para siempre con la imagen de Neil Young alzando su Gibson, con sus cabellos blancos al viento, la mirada de quien ama el rock como a la vida misma, regalándonos una estampa imborrable, digna de pegarla en nuestros más queridos recuerdos.

Cualquier concierto de Neil Young presenta un repertorio ideal de canciones (es lo que tiene haber firmado tantas obras maestras, en sus diferentes proyectos musicales). Por eso no me importa haberme quedado sin escuchar “Fuck’n up”: ya aguardo la esperanza de poder hacerlo en una nueva gira del genio con sus Crazy Horse (y Ralph Molina aporreando la batería, ¡guau!). No me importa que ese día no tocara mi canción favorita de todos los tiempos (la de la chica canela, que tantas sensaciones especiales me provoca), ni “Alabama” (que apenas pude aprender a tocar torpemente), ni “Tell me why”, ni “The Loner”, ni “Country Home”, ni “When you dance I can really love”, ni tantas… De cualquier forma, gracias Neil. Por tu música, por haber contribuido a que Pedro y yo nos encontrásemos. Por darnos momentos felices como el de la noche del sábado. Por ser tan GRANDE.

PD. Gracias a Luis, igualmente, por descubrirme la música de Neil Young.

Errores de antena

Sep 02

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Fangoria grabaron “Me quedaré soltera” porque, según ellos, se identificaban en ese momento con la canción de Cecilia. Me ocurrió lo mismo con “La boda”, tema de Astrud incluido en su álbum de 2001 (”Gran fuerza”, Austrohúngaro/Virgin Records). Por eso lo pinché en mi programa de radio, “45 revoluciones”. Era la época en la que The Strokes irrumpían con toda la frescura de su primer disco, convirtiendo “Is This It?” en el fenómeno de la temporada. Ese mismo año [2001] nació AV Festival, iniciativa de Avant Leisure y Olga Payar (una loca maravillosa de cuidado a la que debemos conciertos como el de Tortoise, Trans Am, Morrissey, Lou Reed, Patti Smith, The Fall, Teenage Fanclub, Spiritualized… Entre muchos otros). Me equivocaba a menudo en antena, pero creo que hasta quedaba bien y todo. No sabía en qué día estaba, pero la cuestión es que Málaga comenzaba a ser excitante a nivel musical, y tenía la oportunidad de contarlo.