“Principios básicos de astronomía” es un homenaje a las canciones de Los Planetas, así como un relato escrito e ilustrado por Juanjo Sáez (y coloreado por Vanessa Cabrera). En él, este dibujante ha hecho de cada viñeta una preciosa autoafirmación de su condición de fan de los granadinos. De paso, ha contado algo de su vida a través de las letras de Jota, y de camino, ha sacado alguna que otra sonrisa por parte de los lectores (tal ha sido mi caso). Dioses que nunca se enteran de nada; adolescentes que buscaban, en los 90’s, algo que sonara “nuevo” (=Jesus & Mary Chain, My Bloody Valentine, Mercury Rev…); exigencias contractuales, el miedo paralizante, “Prueba esto” (y aquello, y lo de más allá).
Al desplome amoroso, magistralmente resumido en “Santos que yo te pinté”, le sigue una batería de miedos y sueños que ya no son más que recuerdo de quienes nos dejaron, rencores marca-de-la-casa, sentimientos de confianza y un choque con el amor y la pasión rematados por las “Alegrías del incendio”. Juanjo Sáez ha conseguido (a través de un dibujo desaliñado en el que bien podría figurar el niño aquel de “Himno Generacional #83″) poner en común sentimientos, emociones y nuevas y viejas sensaciones que hemos sentido, a lo largo de los años, con la música de Los Planetas. El penúltimo capítulo de su trayectoria vital tiene que ver con un reencuentro amoroso, sellado con el fuego de las “Alegrías del incendio”.
Si tuviera que elegir una historieta, probablemente sería ésa (en consonancia con aquel vídeo censurado que se daba un garbeo por algunas de las perversiones más excitantes). Una pareja arde en deseos y juguetea con fruición, explorándose, divirtiéndose, con auténtica actitud pornográfica y erotomaníaca, rebosante de energía sensual. Una enorme concha ardiente y un falo enhiesto, preparados para vivir la Experiencia de la Vida, la génesis de todo (que, paradójicamente, se inicia con una pequeña muerte). Se aman, descansan, y vuelven a retozar. El enganche es mutuo, él la ensarta a ella como si fuera una hermosa aguja, dispuesta a recibir el hilo que la atraviesa y la rodea y la engulle; la gula del sexo alcanza cotas inimaginables en un universo en el que nada está prohibido… Después de la pasión amorosa, viene una calma rebosante de ternura, la de esas “Corrientes circulares en el tiempo” en las que una promesa de amor eterno flota, etérea, sobre las humedades que quedan en el tálamo convertido en hoguera.
