La radio me hace mayor
Jul 30
Supongo que empecé a sentir la vida adulta en toda su plenitud hace pocos días, y por ninguno de estos tres motivos:
a) Parir un churumbel
b) Hipotecarse hasta las cejas
c) Recibir facturas en vez de cartas
Estaba tan tranquila cuando, de repente, la madurez llamó a mi puerta. Me embargó un sentimiento señorial inusitado que, poco a poco, se fue abriendo paso en mi obsesiva cabeza. Había sido invitada a-una-tertulia-de-radio. Lole Almagro, mítica locutora de Canal Sur (cuyo programa, “Local de ensayo”, nos ha descubierto a una gran parte de las bandas andaluzas en su estadio maquetero), me propuso compartir opiniones y sensaciones a voz en micro durante la segunda hora de “La Calle de Enmedio” (magazine mañanero de fin de semana donde ella realiza las labores de producción). Un cineasta y un matemático, junto con el presentador (Miguel Fernández), conformaban la mesa donde se sentó ese cuerpo extraño, satélite que orbita de forma permanente en el espacio exterior (una servidora, Locutriz).
Me llamaron Locutriz (y Pinchatriz). Se interesaron por mis quehaceres. Me resulta raro eso, acostumbrada como estoy (sobre todo últimamente, desde que me dedico a las labores de comunicación para la productora El Pez Doble) a hablar de las bondades o del talento de otros. Afortunadamente tampoco me preguntaron mucho. Estuve bastante calladita, pese al arranque: supongo que podía haber hablado algo más de mis experiencias nocturnas con la Plastic People (en Trifásico, en el Velvet, en el Village, o en cualquiera de los garitos en los que he puesto música en alguna ocasión).
Como siempre, en el transcurso del directo no puedes llegar a pensar demasiado. Este [el directo] te atrapa, te engulle y apenas te deja tiempo de reacción. Me encantó volver a sentir esa sensación, para algo soy Una Chica de Radio. Sin embargo, quizá en mi caso prevalecieron las formas sobre el fondo (creo que me expresé con bastante corrección, salvo quizá cuando solté mi venilla gamberra, llamando a Joaquín Cortés “cabroncete”). Creo que comporta una gran responsabilidad emitir una opinión en un medio de alcance regional, no sé, no es como largar en un bar con los amigos. Salvo que seas el Leslie Nielsen de TVE.
Igualmente, y dada mi poca locuacidad a lo largo de las dos horas que duró nuestro encuentro (en el que mediaron varias entrevistas, todo hay que decirlo), pude realizar un par de observaciones interesantes. En realidad, controles un tema o información, o no lo controles, hay algo que siempre te puede salvar… Las historias propias. Que no tienen por qué ser personales. Soltar historietas que tengan algo que ver con la cuestión sobre la que se está debatiendo puede ser, con toda normalidad, estimulante para una charla a varias bandas. E historietas, como he podido deducir de un tiempo a esta parte, ya tengo muchas. Que para eso me he convertido en una persona mayor. Arrastrar la conversación a terrenos propios es otra de las actitudes que se pueden tomar en una tertulia. Me lo pusieron a huevo cuando sonó la música de Jerry Lee Lewis, en fin, podía haber hablado sobre eso que se dice en la Rolling Stone acerca de que él es el gran superviviente de una generación rocker, blanca, y prematuramente difunta (Eddie Cochran, Gene Vincent, Buddy Holly, Ritchie Valens, The Big Popper, Johnny Burnette y Vince Taylor). O del presunto pacto con el diablo por parte del anciano rockero, que bien pudo emular a Robert Johnson (por eso hace poco nos visitó en el Terral).
PD. Por cierto, cagada de gran envergadura (para una melómana rockera como yo). Abrieron el programa con una canción de un tipo que supuse Billy Joel pero en realidad era… El Boss. En mi defensa diré que no me gusta nada Bruce. Yeh!
