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Posts from March, 2009

¿Por qué somos tan poquitas las chicas a las que nos gusta el rock? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Mar 31

¿Por qué somos tan poquitas las chicas a las que nos gusta el rock? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Y yo que sé.

Otras podrán contar la historia de manera distinta (suertudas ellas), pero a lo largo de estos años de estar en el rollo rockero lo único que he visto, en lo que a mi sexo se refiere, es lo siguiente: novias de tíos que tocan en grupos, amigas de tíos que tocan en grupos, novias de melómanos enfermos, amigas de melómanos enfermos, festivaleras gustosillas, trendy-girls, advenedizas en busca de atención o emociones fuertes, despistadas que pasaban por allí y, por último, las clásicas groupies. Estas últimas parece que viven esto del rock and roll de forma más intensa, pero claro, polla en mano (con lo cual no resulta tan creíble su afición, que queréis que os diga).

Fuera de las categorías que acabo de enumerar están las chicas que tocan o escuchan rock and roll. Éstas, en ocasiones, son de dudosa procedencia (es decir, han sido/son/serán novias o amigas de…), si bien es cierto que la mayoría empiezan o terminan siendo grandes fans de la música (fans de verdad). Las chicas que escuchan/tocan rock and roll no están en peligro de extinción (http://buscateunnovio.blogspot.com/), pero en mi opinión siguen siendo una fauna muy concreta y escasa. Tanto, que a veces los rockeros que buscan a su chica se desesperan porque no la encuentran. Se mueren por hablar con una que sepa distinguir el punk de la psicodelia, que flipe con las canciones de Dylan (pero las que toca Dylan, no el noviete de turno previo paso a ya tu sabes morena). Eso. Enfermedades hay muchas, dentro de esta amalgama de expresiones comúnmente llamada “cultura popular”: a unas les da por el cine, a otras por el cómic, a otras por la literatura… Y a unas cuantas chavalas, por el rock.

Hay precursoras muy mayores, como la que hace poco me encontré pinchando una noche, una tía que rondaba los 50 tacos y que disfrutó mucho cuando sonaron Violent Femmes. Les pregunté por ellos, a ver qué se contaba pero no me contó mucho la verdad. Recientemente me he encontrado con algunas mujeres de las que viven intensamente esto del rock, lo cual es interesante para mí, pues me encanta hablar con mis congéneres de mis grupos favoritos, sus álbumes, conciertos, anécdotas, putear a la prensa musical (ese tipo de cosas). En ese sentido, hace poco tuve oportunidad de mantener una bonita charla sobre la gran Patti (Smith), con otra gran fan-a woman as me. Y la verdad es que me gustó, después de haberme tirado hablando de discos como el “Horses”, tanto tiempo, con los chavalotes. Ya era hora, joder.

Como buena mujer-esponja que soy (bueno, personilla-esponja, más bien), siempre me he empapado de todo lo que me recomendaban amigos, colegas, y gentes de la profesión. Sin distinguir sexos. Y también me he sentido muy orgullosa de arrastrar a mis novios a los conciertos (y que no fuese siempre al revés), o de descubrirles bandas con las que luego ellos han flipado. Y por eso sigo buscando a chicas como yo, simples fans, o a las que podrían convertirse, futuro mediante, en las nuevas Moe, Polly Jean, Nico, Patti, Grace, Chryssie, Deborah, Georgia, Siouxsie, Shirley…

El bucle nocturno…

Mar 23

Una colega me habló hace poco de lo malos que son los bucles: repetición tras repetición. Decía que odiaba a veces salir por las noches y, de repente, encontrarse en los mismos garitos siempre, y toparse con los mismos pringaos cada vez (repitiendo idénticas frases a determinada hora de la madrugada). En su momento no lo pensé tanto, pero últimamente me he acordado de eso mismo, a propósito de mi faceta de pinchadiscos, y de la plastic people que pulula, campante, por la ciudad. Estoy empezando, después de un año animando el cotarro musical en el centro de calle Beatas, a padecer la “enfermedad del bucle nocturno”.

Un mal que dista mucho de la diversión, del placer de salir de juerga, de lo insólito de ciertas jaranas, de la alegría de estar por ahí, de picos pardos. Cierto es que hablo desde una colaboración remunerada, y no desde la perspectiva del que sale para pasarlo bien. Aún así, creo que pinchando música en un garito puede una pasar ratos increíbles y memorables. Lo que me lleva a esta reflexión es el hecho en sí del aburrimiento que causa, como decía mi colega, el hecho de vivir en una ciudad tan pequeña en la que todo el mundo se conoce, y las personas son más previsibles que las noticias deportivas de Cuatro (Real Madrid News). En ocasiones, adoro esa sensación de familiaridad que se respira en ciertos ambientes… Si bien pronto desaparece, cuando caigo en la asfixiante endogamia que generan. En la falta de interés de su pequeño star-system. En la previsibilidad de cada uno de sus movimientos: “hoy tocamos aquí. Mañana allí. Escucha mi myspace. Pincho pasado mañana en X. Pues aquí estoy, con el equipo de mi corto. Ven a mi exposición el viernes. ¿Viste a Z ayer, iba borrachísimo?”. Y, lo que es peor, en su manifiesta falta de curiosidad.

En un momento dado, cuando una está de marcha, puede huir. Cuando forma parte del ambiente del local, no. Asiste al desfile constante de peña, unos y otros vendiendo su último disco, maqueta, concierto, “proyecto”. Cuando el alcohol arrecia, la maqquinaria promocional da paso a la burda parida. El bucle es un corta y pega que se extiende hasta el infinito, y así, podré estar años escuchando “Isa, ¡pon Spacemen 3!”. Hasta que un día coja al susodicho y le rompa una botella de Alhambra en la cabeza. Y después, le diga, cariñosamente, “por favor, dime algo distinto esta noche, anda”. Y consiga romper el bucle y volver a flipar otra vez con la plastic people y la imprevisibilidad del rock and roll.

Crea et labora

Mar 17

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Tocaba posicionar la agencia en la que trabajaba, y el lema “Crea et labora” (basado en el “Ora et labora”) me pareció el más adecuado. Estábamos frente a una abadía cisterciense de Santa Ana, fundada en 1604 y vinculada a la creación (no en vano dispone de un Museo Sacro). El tema religioso no seducía mucho al equipo creativo, sin embargo a mí me parecía que si se abordaba con respeto y originalidad, no tenía por qué tener connotaciones negativas (al contrario). Mi idea se basaba en el trabajo de la creación, una labor austera e intelectual desde la que se podían imaginar las mejores líneas de comunicación. Quería asociar este trabajo al “culto a la cultura” que existía en los monasterios medievales, cuando el arte estaba en poder de los monjes de clausura. En este copy jugué con el hecho de la “divina llamada a la creación”, envolviendo el texto de la locutriz en un halo de misterio y espiritualidad “divino” (nunca mejor dicho), e incluso misterioso.

Gente noble

Mar 16

La gente noble está por todas partes: en algunas historias de ficción, y en las vidas reales de cada uno de nosotros. Está entre las gentes creyentes y ateas, entre los desorientados de espíritu y corazón, entre los viciosos y los piadosos, mediocres y sublimes. Y el tiempo pasa para todos ellos, y para todos nosotros, no se detiene, vaya en un sentido o en otro… Y pasa para acercarnos al abismo, y para que le atrapemos y hagamos con él lo que mejor nos venga en gana, haciendo lo único que merece la pena: amar y ser amados hasta el final de nuestros días.

La gente noble me obsesiona y me enternece de manera casi insoportable a veces. Siento como una punzada en el corazón que me lo atraviesa y me abre las carnes, dejándolo al descubierto, reflejado en el claro de luna, tostándose al sol. Al cruzarme con alguien de esa condición humana, mis ojos se tornan brillantes, adquieren una luminosidad especial porque se saben, en esos momentos, conocedores de la más fascinante de las Bellezas, la más absoluta de las Verdades, la más necesaria de las Bondades.

Jota y yo

Mar 10

Como la protagonista de “Rock and Roll” (la canción de la Velvet), no podía creer lo que estaba oyendo cuando puse la radio (en mi caso Radio 3), y escuché por primera vez a Los Planetas. Al igual que Jenny, si bien no tan joven (creo que ya había cumplido yo la mayoría de edad), sentía que no pasaba absolutamente nada, era la época en la que “prefería estar muerta que aburrirme así”. Con la música, las letras y la actitud de Florent, Jota, May y Paco (el cuarteto inicial), por fin pareció que estaba pasando algo… Era el tiempo de las “Nuevas Sensaciones”. Julio Ruiz, en su programa “Disco Grande”, comenzaba a contar que algo especial estaba ocurriendo en la ciudad de Granada a principios de los 90. Tenía que ver con la formación de Los Planetas, y su definitiva puesta en órbita tras la publicación de “Super 8″, primer álbum de la banda.

Ya han pasado 15 años de aquello, y tal y como ha declarado el propio Jota en una de las entrevistas que ha concedido con motivo de su participación en La Música Contada, Los Planetas son un grupo joven y con mucho camino aún por recorrer. Así que quienes vieron una especie de relevo generacional (con Lori Meyers a la cabeza) en aquel simbólico encuentro en directo que tuvo lugar en el Zaidín a finales del verano pasado… No estaban en lo cierto. Los Planetas seguirán dando vueltas a nuestro lado, todo el tiempo (que ellos deseen, claro). El sábado 7 de marzo tuvo lugar una nueva sesión de la novena temporada del ciclo de discofórums y conciertos La Música Contada, y Jota fue el protagonista. Tuve el placer de presentarle y, de paso, homenajear al grupo granadino, con el que muchos y muchas de los que estábamos allí hemos crecido de alguna manera. Suyos son memorables himnos generacionales como “Que puedo hacer”, “Mi Hermana Pequeña”, “Prueba esto” o la citada “Nuevas Sensaciones”.

Aunque ni él tenía muy claro lo que iba a hacer en aquella sesión en concierto, la sabia elección del guitarrista Juan Habichuela nieto (perteneciente a la legendaria saga flamenca de los Carmona), le acarreó no pocas alegrías. El jovencísimo artista, que hizo gala de una excepcional elegancia flamenca en el vestir, seguía la voz de Jota punteando con mucha jondura en canciones pertenecientes a la última obra de los granadinos (”La Leyenda del Espacio”); juntos se marcaron unas peculiares colombianas, así como otros temas de Los Planetas. Con sonrisas de complicidad, Jota se deshacía en elogios a la joven promesa flamenca (fan de Jimi Hendrix, y de la disciplina: toca la guitarra ocho horas diarias, y sin saberlo emula al genio de Seattle, que se tiraba tol día tocando también).

La segunda parte de la sesión la pasó Jota solo, y algo alentado por el vino, accediendo a algunas de las peticiones de los fans que abarrotaban la Sala Gades (hay que recordar que las entradas se agotaron a los pocos días de ponerse a la venta, y que mucha gente se quedó fuera, desgraciadamente). “Prefiero bollitos”, “Un buen día”, “Segundo Premio”… Fueron sonando sucesivamente, con un Jota cada vez más cómodo y complaciente. E imagino que feliz por haber aceptado la propuesta de presentarse ante tan numeroso público sin banda, para emocionarnos a todos de nuevo escuchando letras tan increíbles como “San Juan de la Cruz”. Al final del viaje, Jota se prestó a hablar un poco, y a mostrarnos algo de lo que suele escuchar en su ipod (Astrud, entre otros grupos), o a reivindicar una vez más sus influencias (que van de la Velvet Underground a Flying Burrito Brothers o The Byrds, por poner sólo algunos ejemplos).

Desde luego, si había alguien con quien me apetecía mucho hablar de rock, era con Jota. No sólo por las filias que comparto con él, sino porque sé que es un auténtico fan de la música pop. Por eso no tardamos en comentar las últimas jugadas de Dan Tracey (Television Personalities) en el concierto que ofreció en Murcia el día anterior, o de Mark E. Smith a su paso por Málaga. O de Anton Newcombe, con quien Jota me dijo habérselo pasado muy bien mientras veía “Dig”, el documental que narra las vidas paralelas de dos grupos amiguetes/rivales: Brian Jonestown Massacre y The Dandy Warhols. Charlamos sobre qué discos debería yo escuchar de los Magnetic Fields (Jota dice que los anteriores son mejores que el que me flipa a mí, “Distortion”), e hicimos honor a nuestra condición de enfermos musicales. Desde luego, fue una sesión memorable (al menos para mí).

La única penita del día fue que Puyol se lesionó mientras yo me paseaba con su camiseta por Málaga. Mi hermana pequeña, que es muy mala, me dijo que le traje mala suerte.