Estigmas
Dec 30
Abro esta ventana sin nada particular que decir. Recuerdo aquellos versos que tanto le gustaban a Pedro, “tumbado en la cama/ pienso en la vida/ y en la muerte/ y ninguna de las dos me interesa particularmente”. Creo que eran de Morrissey (cuando estaba con los Smiths). Se me ocurre escribir ahora sobre la importancia de tener más de 30 años, y pasar de puntillas por todas aquellas decisiones que (se supone) hemos de tomar. No es que asuste la vida adulta, ya está bien hombre. Es que la vida adulta que nos quieren encasquetar es un puñetero rollo…
Últimamente estoy empezando a pensar en lo elitista que me estoy volviendo (qué poca gente me gusta, la verdad). La mala educación y la falta de interés en la vida por sí misma me repugnan, así como la convencionalidad (¿existe esa palabra?). En una entrevista concedida al suplemento cultural de El Mundo, se quejaba hace poco Luis Antonio de Villena de que “vivimos años de una incultura brutal”, y lanzaba sentencias como “desde luego la alta cultura es ya incomprensible para la mayoría”, señalando por último a los culpables (”la educación, los malos y bajos planes de estudio. Y algo muy español: despreciar lo que se ignora”). Estoy totalmente de acuerdo con él, pese a que no esté a su altura intelectual. Me recordó tristemente a un episodio que me ocurrió hace muy poco: estaba recordando el año que le dediqué al griego clásico en el instituto, y un dieciochoañero que conozco me espetó (gritando): “sí, claro, ¿y eso pa’ qué te ha servío?”.
Recordé una vez más esa sensación que se te queda cuando a nivel social (en un contexto que puede ser familiar o laboral), alguien te tilda de poco menos que de “imbécil” por haberle dedicado un tiempo importante de tu vida a una formación lo más humanística posible (dentro de una carrera tan estúpida como la que yo hice, la de Ciencias de la Información: menuda chorrada). Ese estigma que tiñe tu rostro de idiota, y te hace recordar otras letras, las de “Creep”: “I’m a creep/ I’m a weirdo/ what the hell I’m doing here/ I don’t belong here”. La música que Radiohead puso a tantos estados carenciales de comprensión y admiración, los que muchos vivimos de jóvenes y adolescentes, estigmatizados porque nuestros entornos cercanos no valoraban en absoluto esa inquietud, esa determinación por beberse el conocimiento que te puede proporcionar la vida.
Ese desdén, no ya por la alta cultura de la que habla Luis Antonio, sino por una cultura un poco menos alta (asequible a poco que pongamos empeño e interés)… ha marcado mi trayectoria vital desde siempre. El último punto ha sido la respuesta que tal jovenzuelo me escupió sin inmutarse. Me dicen unos amigos que se trata de “adaptación al medio” (la del joven en cuestión). Es decir, convertirse en un imbécil, un borrico, un zopenco, un lerdo, un zoquete… es adaptarse al medio. Ahora lo llaman así.