Sep 03
Así le llamó una vez, en el foro de su web, una admiradora. El comentario me pareció muy gracioso, era algo así como “siempre me gustaste, Nacho, desde la época en que eras la sueca de Manta Ray”. Cosas de chicas, en fin. Conocí a Nacho Vegas con motivo de una visita a Málaga, hace varios años, para participar en el ciclo de disco fórums La Música Contada. Me dieron la oportunidad de presentar el acto, y mostrar así, en público, mi devoción por artista y personaje. Con el tiempo me he dado cuenta de que Nacho tiene poco de personaje y mucho de artista. Por extraño que parezca, me parece que cada vez hay menos pose y más verdad… y no sólo por el titular de la entrevista que (recomiendo), os linkeo. Fue la sensación que me dio cuando le vi por última vez, subido a un escenario y acompañando a Christina Rosenvinge. Hay mucha verdad, tiene que haberla, en un tío que es capaz de enarbolar sus referentes musicales con tanta naturalidad (Dylan en la entrevista, The Smiths en un texto que también podéis leer a continuación, escrito por él mismo además). Mostrarse fan de otros sin menoscabo de un talento propio: el que le convirtió en trovador hace ya casi una década, narrador de historias como la “Canción de Isabel”, creador de atmósferas como la de “Noches Árticas”, músico de peculiares universos. Por algo es “El hombre que casi conoció a Michi Panero”.
http://www.paisajeselectricos.com/material/entre_nacho-vegas_08a.htm
http://www.sysvisions.com/feedback-zine/migrupo/m_smiths.html
Sep 01
Cadena Mar (la emisora donde me estrené como locutora en 1997) y Radio Carramolo estaban localizadas en el corazón de la Costa del Sol. Concretamente en un edificio de apartamentos benalmadense que albergaba turistas británicos (en su mayoría). Un día, mi amigo Pablo (que hacía con otros dos colegas “La Caja del Diablo”, un programa de rock, en Radio Carramolo) visitó el local de Cadena Mar para participar en una de las primeras ediciones de “45 revoluciones”, mi programita indie. Hablábamos de Oasis sin tener ni puñetera idea… bueno, yo me limité a leer pasajes de un artículo del Ruta 66 en el que lanzaban puyas a los hermanos Gallagher para, finalmente, reconocerles cierto talento. Pablo, que en aquella época flipaba con los Monster Magnet, trataba de meterse con Oasis sin distinguir singles de álbumes ni de canciones. El resultado fue un desastre, como podréis apreciar si os atrevéis a escuchar el audio. Apenas me podía aguantar la risa, apenas podíamos dejar de reírnos al final. Hacíamos radio sin saber… jugábamos a ser críticos de música sin conocer. ¡Que los fans de Oasis nos perdonen!
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Sep 01
Con un sorbito de Bombay Saphire… la mujer refiere sobre su adolescencia solitaria, sobre el mismo mar de todos los veranos, las prematuras incursiones en el rock y en una rebeldía que le quedaba tan lejos (aún). También se detiene en sus años de facultad: con los poemas de Baudelaire como lecturas prohibidas y los últimos retazos de romanticismo político como preludio de la decepción y la desazón vital, con discos como “Amazing Disgrace” o “Una Semana en el Motor de un Autobús” (que se incorporaron a su álbum para siempre). Luego se explaya en la recta final de la veintena, presidida por vertiginosos vaivenes laborales y sentimentales que desembocan en una treintena vibrante en la que toca adquirir la consciencia del paso del tiempo (que cada vez corre más deprisa).
Con un sorbito de Bombay Saphire, la mujer echa el pulso con la eternidad y una juventud que ha iniciado un suave declive. Y sigue recordando historias, acontecimientos y batallas que la convierten en una prematura anciana, ridícula si se tiene en cuenta su verdadera edad. Se pregunta, asimismo, si lo que antes le importaba le sigue importando. Se deprime y se angustia, se recupera y se alegra (en apenas cinco minutos).
Con un sorbito de Bombay Saphire, la mujer llega la conclusión de que, en realidad, sigue siendo la misma persona de hace 32 años. Odia los domingos y no se despierta con la luz del sol. Le encanta comer caracoles y hablar por los codos. Casi nada le es indiferente. Se enfada por tonterías. Cada día de vida, piensa en la muerte. Cada día de vida, en algún momento, se ilusiona por seguir viviendo.