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Posts from August, 2008

The Lizard Queen (…en mi caso)

Aug 27

Parafraseando al amigo Ralf, “tener la libertad de decir no” es una de las ventajas de quien está a los mandos de la mesa en un local nocturno. Igualmente, también lo es tener la satisfacción de decir “sí” en ocasiones. Mi condición de veleta se impone, así que hoy voy a escribir sobre lo que mola ser dj, pinchar discos, poner música en bares, clubes y garitos de mucha/poca/dudosa reputación.

Si nos atenemos a la definición de Enrique (aka Epedé), cuando sales por ahí de garitos, “dj is God”. O, si preferís, una suerte de Rey Lagarto (como decía Jim Morrison: “I’m the Lizard King”) que parte y reparte perlas/piedras en forma de canciones que para unos son una delicia, y para otros, una tortura. La persona que está a los mandos es la que decide qué va a sonar en cada momento, en función de su discoteca, estado de ánimo, de la percepción que tiene del público que abarrota el local, o se esparce por sus rincones.

Hay momentos mágicos en los que realmente se produce un diálogo mudo entre tú y los que están bailando tu música, o simplemente la están disfrutando en silencio. Instantes preciosos en los que el fan de turno de los Smiths se te acerca para darte las gracias por hacer sonar cualquiera de las canciones de la banda británica. Estampas inolvidables que al día siguiente rememoras porque alguien se ha dado cuenta de que “sabes de lo que estás hablando” cuando le das al play (y por eso respeta tu trabajo). Pinchar discos es, la mayoría de las veces y por encima de muchas circunstancias (pesados, entrometidos… en definitiva, gente coñazo), algo muy excitante.

Con respecto al tema ligoteo que alguno apunta, pues para servidora nasti de plasti (I’m married!). En otro post hablaré de cierto tufillo machista que aún, desgraciadamente, se aprecia cuando me acerco a la mesa y hay algunos “manolos” merodeando cerca. Vaya, vaya miraditas. En fin. Cosas de tener un coño bajo las piernas (con perdón).

Una vez pasada la hecatombe feriante, afronto mi sesión del viernes con mucha ilusión. Os espero en el Trifásico de calle Beatas.

Here we go!!!!!!!!!!!!!!!

Sobre The Doors y otras nomenclaturas y negocios musicales

Aug 26

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/08/25/cultura/1219685759.html

¡Qué cosas! Recuerdo que cuando Oliver Stone estrenó su película sobre The Doors, los quinceañeros protorockeros de la época pensábamos que el malo de la historia era John Densmore. El batería había escrito “Jinetes en la Tormenta”, libro en el que se basa un biopic sobre Jim Morrison en el que no sale precisamente bien parado el propio Morrison.

Hace ya algunos años vi un documental sobre los Doors en el que salía un -insoportable- Ray Manzarek soltando “yeh, men” cada dos palabras. Me pareció un gilipollas, y empecé a sospechar. Ahora resulta que él (inolvidable teclista, responsable en gran medida del fascinante sonido del grupo), y Robby Krieger (autor de uno de los máximos hits de la banda, “Light My Fire”), se han querido llevar los cuartos llamándose The Doors (cuando ya en su momento, con Jim en vida, acordaron no hacerlo nunca si no estaban los cuatro de acuerdo). Ahora parece ser que el borde de John Densmore es el único que tiene un poquito de vergüenza, y se preocupa mínimamente de la memoria de Jim. Bueno, de paso también va a sacar (él, los padres y los suegros de Morrison -esto último no lo entiendo muy bien, lo de los padres de Pamela Courson-) tajada del asunto.

Esto me lleva a pensar si está bien que Roger Daltrey y Pete Townsend sigan actuando como The Who sin Keith Moon y John Entwistle. O que Plant y Page hagan lo propio con Led Zeppelin (claro que aquí creo que las tres cuartas partes del grupo están vivas). En el caso de Sex Pistols (se me ocurre), no hay discusión: la aportación del yonqui de Sid Vicious fue anecdótica, ni siquiera sabía tocar… Cuando a McCartney le dio el ataque nostálgico (del que por cierto jamás se ha recuperado) y quiso resucitar a los Beatles, mi querido George Harrison fue tajante: era inconcebible una reunificación sin John Lennon. La solución la plantearía de la manera siguiente: los supervivientes podrían actuar con sus nombres propios (todos tienen uno, y la mayoría goza del conocimiento popular), en vez de andar con chorradas tipo “los Doors del siglo XXI”, o “los Beatles del Liverpool de siempre”.

O mejor, seguir creando superbandas como los Travelling Willburys… ¡grupazo!

Last nite a dj fuck my life

Aug 21

La (buena) educación es fundamental en esta vida. Cuando hablo de “educación”, en este sentido, me refiero a modales. Los modales son necesarios para que todo fluya correctamente, suavemente, agradablemente. Decir “ponme” dista mucho de decir “¿podrías ponerme?”. El uso de la primera fórmula es muy común en el mundo nocturno, en el que todo son confianzas y la gente, al amparo del alcohol, se cree con derecho a dirigirse al currante de turno de la manera que le plazca. Las costumbres se relajan, ya se sabe, y los clientes del garito donde pongo música habitualmente se dirigen a una con toda la cara del mundo. Ejemplos:

-Eh! ¡Ponme algo de funky jazz! (mientras suena algo de los Charlatans)

-¡Oyeeeee! ¡Ponte algo de ElBicho! ¡O Delinqüentes! (mientras suenan Wilco, o algo de americana)

-¿No tienes nada de Nirvana? (dos minutos más tarde) ¿O de Miguel Bosé? (mientras suena Curtis Mayfield)

A la poca pertinencia de estas “peticiones” (o más bien exigencias) se une la impertinencia en las formas. ¿Cómo que “pónme”? Perdona, será “por favor, ¿podrías, si lo tienes y te gusta, ponerme algo de fulanito y tal?”. ¡Vaya con los plastic people! Pasan por alto las horas de música a la que una ha de enfrentarse para amenizar una noche con músicas de diversos géneros y épocas, en un afán ecléctico que nace de la preocupación por agradar, más o menos, a casi todo el mundo. Y que, como no, pasa por el filtro de los gustos de una: que para eso está a los mandos de la mesa.

Pero sobre todo, más que la ignorancia de determinados fiesteros que no han escuchado música en su puta vida (y que se permiten el lujo de reírse de algo tan excitante como el soul clásico), lo que más me enerva a la hora de pinchar canciones es, como decía más arriba, la escasa/carencia de modales. A cierta fauna nocturna se le olvida que para escuchar su canción favorita no tiene más que quedarse en casa, montárselo con un grupo de amigos y santas pascuas. En el momento en que entras a un local, sabes que hay un dj (normalmente pinchadiscos) que te va a hacer flipar o te va a joder la noche. Si un dj te está jodiendo la noche (sí, vale, la música de los primeros Pink Floyd no es lo tuyo), conozco una fórmula mágica que nunca falla:

¡Cambia de garito, joder!

La Leyenda Continua

Aug 07

Está claro que quien escuche esta grabación (o más bien lo que se me ocurrió escribir para “El Hombre del Panamá”, sección del programa de RNE “La Leyenda Continua”) no me va a encargar en la vida una campaña para la DGT (jojo). Esta fue mi pequeña y elocuente aportación a la sección que, desde Málaga, hacía Joaquín Alarcón… (sí, el que dice aquello de “mira que eres malaaaaaaaa…jo, cómo suena eso de raro ¿eh?). En fin, ahora me da un pelín de vergüenza escucharlo, pero bueno, el texto iba sobre la obsesión de Christopher Walken en “Annie Hall” (quien protagoniza una de las escenas más hilarantes de toda la película). Paradójicamente, una situación cómica (de humor negro, se entiende), me inspiró un texto que no tenía nada de gracioso: era (o pretendía ser) el monólogo interior de un kamikaze antes de estrellarse contra otro coche. Esta curiosa colaboración, en cuya presentación el tal Alarcón improvisó todo lo que le dio la gana y más, se emitió en la radio pública. Aún no tengo noticia alguna de si le moló o no a Andrés Aberasturi (a la postre presentador del programa “La Leyenda Continua”).

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Banana Girl!

Aug 07

“Candy says”, “Stephanie says” y “Lisa says” son canciones de la Velvet Underground, hete aquí mi pequeño homenaje. El dream team del rock lo llamó Rockdelux en su especial “Los mejores 200 discos del siglo XX”. Podría decir que son mi banda favorita, pero en realidad no es así. Cuando me preguntan por mis músicos y grupos favoritos, sinceramente, no sé qué decir… (¡jo, la música pop es tan importante para mí!); ahora bien, los discos de la Velvet son de cabecera para mí. Sencillamente, me encantan. Tuvo que ser alucinante verles haciendo ese espectáculo multimedia comandado por Andy Warhol bajo el nombre de E.P.I. (Exploding Plastic Inevitable): el sobrio tam tam de Moe Tucker, la viola eléctrica del borde de John Cale, la guitarra de Sterling Morrison (pobre, que en paz descanse), el talento soberbio de Lou Reed, Nico (obsesionada por cantar como Dylan), la danza siniestra de Gerard Malanga, Mary Woronov y Ronnie Cutrone, los audiovisuales de Warhol… No hay banda más cool en el mundo que la Velvet. Han pasado ya unas cuantas décadas, y nadie les reemplaza de su trono de cuero negro.

En esta década, el fenómeno hype se ha elevado a su máxima categoría: ya hay incluso grupos que son conscientes de su nula aportación a la historia de la música y lo admiten sin complejos (Crystal Castles me vienen a la memoria, según leí hace poco en una revista: trash, llaman a su mierda). Puede ser que sea actitud, no sé. Lo cierto es que, cada vez que se habla de modernidad, y más aún en estos tiempos que corren, yo no puedo dejar de pensar en los neoyorquinos. La Velvet reunía absolutamente todo los ingredientes necesarios para convertirse en objeto de culto y deseo: un amateurismo rebosante de encanto, un sonido hipnótico (”Venus in Furs”), un show interdisciplinar pionero (el E.P.I.), un mentor carismático y particular (Warhol), una actitud arty (Cale), y una estética alucinante (Jim Morrison sucumbió también al color negro en cuanto visitó New York City).

Todo lo que rodea a la Velvet Underground me ha resultado, desde que los escuché por primera vez (”We’re gonna have a real good time together”), interesante. La atmósfera que creaban con sus canciones (en su vertiente más experimental), el irrepetible tándem musical que formaron Cale y Reed, sus pintas, sus artistas invitados (la inolvidable y siempre infravalorada Nico), sus fascinantes letras (”All Tomorrow Parties”, la banda sonora perfecta de un funeral; la desquiciante e impactante “Heroin”; “Rock and Roll”, o el despertar eléctrico de una chavala de cinco años)…

“And it was alright”.