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	<title>Locutriz</title>
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	<description>No me gustan los blogs, que conste.</description>
	<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 17:03:51 +0000</pubDate>
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		<title>El ritmo en las nalgas. Breves notas de una drummergirl</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Aug 2010 17:02:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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Cuando apenas tenía 20 pocos años, ya llevaba varios años disfrutando del show del rock. La puesta en escena de una banda estándar presentaba por defecto a cantantes al borde del escenario, coqueteando con el personal, y manteniendo un mudo pulso con el guitarrista de turno, ansioso por arrebatar protagonismo al líder. Al otro lado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><a href="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/janet-weiss.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-637" title="janet-weiss" src="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/janet-weiss-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">Cuando apenas tenía 20 pocos años, ya llevaba varios años disfrutando del <em>show </em>del rock. La puesta en escena de una banda estándar presentaba por defecto a cantantes al borde del escenario, coqueteando con el personal, y manteniendo un mudo pulso con el guitarrista de turno, ansioso por arrebatar protagonismo al líder. Al otro lado de éste solía haber un bajista ensimismado en su ritmo, portando un pesado instrumento de gruesas cuerdas de cuya importancia supe años más tarde. Quizá un teclista sonriente asomaba tras su equipo, buscando cierta complicidad por parte de los fans. Y siempre, al final del todo, entarimado pero aparte, se alzaba detrás de todos, alineado en solitario, el tío que aporreaba la batería. Muy pronto supe que era lo que más me molaba de un grupo. Al carácter físico del instrumento se unía cierto espíritu libre que emanaba del baile de las baquetas, lo que mucho después conocí como “la danza de la batería” (parafraseando a <strong>Erik Jiménez</strong>, de <strong>Lagartija Nick</strong> y <strong>Los Planetas</strong>).</p>
<p class="MsoNormal">Poco después, un amor platónico me llevó, definitivamente, a desear tocar la batería. Sin muchos traumas, me di cuenta de que quería más parecerme a ese chico (es decir, ser batería), que al chico en sí. Aún tuvieron que pasarme varios años encima hasta llegar a los 27, edad en la que por fin encontré a alguien que quisiera enseñarme los ritmos más rudimentarios (los que he seguido tocando), e introducirme en un instrumento que al principio me asustaba un poco, dada su estadística masculinidad. Ya sabía de otras chicas que tocaban, pero me llevaban mucha delantera, e inicié un pedagógico camino que se interrumpió antes de lo que esperaba. Así, sin sentirme preparada para nada, me puse a tocar con un grupo. Después lo dejé, luego me junté con otra gente, y comencé en otro. Más tarde, hace menos de un año, empecé con mi tercera banda. Con la que más a gusto estoy, y con la que de alguna manera he superado las inseguridades del pasado. Y todo por un cambio de perspectiva: ya no soy batería, o aspirante a batería. Ahora sólo toco los tambores. De lo sencillo se puede sacar mucho petróleo, si no que se lo digan a <strong>Maureen Tucker</strong> (<strong>The Velvet Underground</strong>). Empezó utilizando bidones de basura, y terminó dándole a los timbales con discreta precisión. Pocas bases rítmicas me gustan tanto como la de “Venus in Furs”&#8230;</p>
<p class="MsoNormal">Dentro del universo de <em>drummergirls</em>, las hay de todos los tipos: técnicas y de un virtuosismo aplastante, como <strong>Sheila E.</strong> (formó parte de la banda del quisquilloso de <strong>Prince</strong>, y como percusionista se las gasta igual de bien). De una contundencia y una creatividad sin parangón masculino, como la de <strong>Sleater-Kinney</strong> en su última época (<strong>Janet Weiss</strong>). Capaces de nadar entre la delicadeza del pop y la aspereza del punk en cuestión de segundos (<strong>Georgia Hubley</strong> en <strong>Yo La Tengo</strong>). Brillantes y sexys, como <strong>Cindy Chapman</strong> (<strong>Lenny Kravitz</strong>). O resultonas, como <strong>Linda Pitmon</strong> (batería de <strong>Steve Wynn</strong>, puro arte y oficio).</p>
<p class="MsoNormal"><strong>Marina</strong> (regente de <strong>ARTEstación</strong>) es otra chica a la que también le pirra el ritmo, aunque ahora dice estar más centrada en la guitarra… Pues bien, hace no mucho me contaba cómo la mayoría de las féminas que se arman de valor para posar su culo en el sillín, saben perfectamente lo que se hacen. No tratan de rellenar con redobles y cambios a destiempo las transiciones de una canción por el mero hecho de estar tocando (algo a lo que tienden de mala manera la mayoría de los tíos a los que he visto tocar con poco nivel). Se contentan, si son limitadas, con llevar el ritmo y tocar fuerte. Me resulta muy curioso el hecho de haberme encontrado con infinidad de, por ejemplo, guitarristas y compositores, que precisamente es eso lo que exigen de un batería. Que lleve el ritmo. He de suponer, pues, que si me echan de mi actual banda, quizá encuentre otra pronto. Me conformo con dotar mi tam-tam de cierta inspiración, bien a negras, bien a corcheas; con sacarle el mayor partido creativo a mis dos timbales, con no desentonar en la caja (pese a mis tímidos redobles). Y, sobre todo, con disfrutar muchísimo tocando…</p>
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		<title>Mi historia de amor con Teenage Fanclub</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 16:56:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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Reconozco que cuando me preguntan por mis favoritos, me siento un poco abrumada. Los grupos, las bandas que me han acompañado a lo largo de todos estos años, son tan especiales para mí, que confeccionar una lista de elegidos me suena a traición siempre (con respecto a otros). Y no siempre soy rápida en descubrirme, [...]]]></description>
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<p><a href="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/teenagefanclub2.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-631" title="teenagefanclub2" src="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/08/teenagefanclub2.jpg" alt="" width="300" height="300" /></a></p>
<p>Reconozco que cuando me preguntan por mis favoritos, me siento un poco abrumada. Los grupos, las bandas que me han acompañado a lo largo de todos estos años, son tan especiales para mí, que confeccionar una lista de elegidos me suena a traición siempre (con respecto a otros). Y no siempre soy rápida en descubrirme, dada la cantidad de música que escucho normalmente (bueno, en general no soy una vaquera rápida). Y después de contestar a los chicos de <strong>Radio Vallekas</strong>, creo que me era necesario escribir un post en el que proclamara a los cuatro vientos mi amor por una banda llamada <strong>Teenage Fanclub</strong>. Me olvidé de ellos al hablar de &#8220;mis imprescindibles&#8221;, y eso es un error imperdonable.</p>
<p>Hace tiempo que me enamoré, perdidamente, de <strong>Teenage Fanclub</strong>. Y puedo asegurar sin sonrojarme que ningún otro grupo en el mundo es capaz de hacerme amar las guitarras y las melodías pop como ellos. Ni siquiera sus padres (<strong>The Byrds</strong>), sus hermanos mayores (<strong>Big Star</strong>), sus maravillosos coetáneos (<strong>The Posies</strong>, <strong>Matthew Sweet</strong>), o sus innumerables hijos (naturales, reconocibles o bastardos)&#8230; Y, lo que es más importante para mí, ninguna otra banda me levanta el día (si estoy triste), o me hace sonreír más (si estoy alegre) como ellos.</p>
<p>Así pues, estos tres tipos (<strong>Norman Blake</strong>, <strong>Gerard Love</strong> y <strong>Raymond McGinley</strong>) no sabían el lugar tan relevante que ocupaban en mi vida hasta que les conocí aquel día en el <strong>Teatro Cervantes</strong> (Málaga es mi ciudad, como decían los <em>mods</em>). El encuentro fue breve, cordial, cariñoso, y lamentablemente me supo a poco, como siempre, por culpa del maldito idioma. Hacerles ver a estos tíos lo que sus canciones habían supuesto a lo largo de más de 10 años era, sencillamente, imposible. Pero pude ponerme en contacto con Norman después, con la intención de hacerle llegar la grabación del especial que, en 1999, le dediqué a los escoceses en <strong>&#8220;45 revoluciones&#8221;</strong>. Estaba (está) realizado en español, diréis, vaya tontería enviárselo, pues aún así, ¡lo hice! Quería que Norman lo tuviera, aunque no entendiera un pimiento lo que decía de ellos&#8230; Cosas como ésta que podéis escuchar&#8230;</p>
<p>Algún día le dedicaré un largo y merecido post a <strong>&#8220;Ain&#8217;t that enough&#8221;</strong>, una de las canciones pop más grandes de la historia reciente. Aunque <strong>Nick Hornby</strong> escogiese la romántica <strong>&#8220;Your love is the place where I come from&#8221; </strong>en su <strong>&#8220;31 canciones&#8221;</strong>.</p>
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		<title>&#8220;Estación en Curva&#8221; (Radio Vallekas)</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Jun 2010 13:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Rafa Teruel y su equipo (entre ellos Cristina Consuegra y Julie), me invitaron el pasado sábado, 21 de junio, a participar en el programa &#8220;Estación en Curva&#8221;, de la mítica Radio Vallekas. Charlamos sobre la pertinencia (o no) de celebrar un Día de la Música (tenía lugar ese mismo día), así como de la escena [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Rafa Teruel</strong> y su equipo (entre ellos <strong>Cristina Consuegra</strong> y <strong>Julie</strong>), me invitaron el pasado sábado, 21 de junio, a participar en el programa <a href="http://estacionencurva.blogspot.com/"><strong>&#8220;Estación en Curva&#8221;</strong></a>, de la mítica <strong>Radio Vallekas</strong>. Charlamos sobre la pertinencia (o no) de celebrar un <strong>Día de la Música</strong> (tenía lugar ese mismo día), así como de la escena musical independiente en nuestro país, de la relación de los medios de comunicación con la industria, y de la propia industria. La parte más complicada para mí fue elegir &#8220;imprescindibles&#8221;; así, tiré por lo clásico (<strong>Neil Young</strong>, por supuesto, y <strong>Dylan</strong>, y los <strong>Beatles</strong>, y los <strong>Stones</strong>), sin dejar atrás algo de lo que más me ha excitado ¡en los últimos 15 años! <strong>Los Planetas</strong>, <strong>Spiritualized</strong>&#8230; Vamos, lo de siempre. Y algunos descubrimientos a medio plazo, en retrospectiva (<strong>Spacemen 3</strong>) y a corto plazo, en perspectiva (<strong>The Soft Pack</strong>). También me preguntaron por el <strong>Mundial </strong>y la <strong>Selección</strong>, ¡uf! La de palos que podían haberme caído por haber dicho que soy una chica de club (culé, para más señas)&#8230; Qué placer sonar de nuevo en las ondas, como le comenté por teléfono a Rafa, Julie y Cristina. En fin, que tuve y retengo, a ver si algún día me animo a volver a hacerlo.</p>
<p><a href="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/06/diadelamusica.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-620" title="diadelamusica" src="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/06/diadelamusica-300x188.jpg" alt="" width="300" height="188" /></a></p>
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		<title>Bienaventurados los que piden&#8230;</title>
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		<pubDate>Sun, 16 May 2010 14:17:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay <strong>una señora</strong> que pide en la <strong>iglesia de Santiago</strong>, en <strong>calle Granada</strong>. Limosna. Un día le llevé ropa, y me lo agradeció con una amplia sonrisa. Hace poco, me la encontré caminando con dificultad por la calle. Me crucé con ella y, para mi sorpresa, tuvo a bien saludarme. Lo cierto es que me alegró la tarde, para mí era como si me hubiese saludado alguien muy importante. Me sentí reconocida. Supongo que le sonaría mi cara de haberme visto por allí, durante alguna visita a la <strong>Virgen del Amor</strong> (una de mis vírgenes favoritas). Es rubia y regordeta, tiene un aspecto dulce y es de origen eslavo (creo). Debe de tener problemas de salud, y probablemente no pueda trabajar siquiera limpiando casas (destino habitual de tantas mujeres como ella, inmigrantes y pobres). Así que pide a las puertas de la iglesia, supongo que soñando que mejore la suerte suya y la de sus hijos&#8230;</p>
<p>Detrás de cada persona que está en la calle: pidiendo, mendigando o vagabundeando, hay historias de todo tipo. Pobreza y circunstancias, como la de mi querida señora, problemas mentales que derivan en dependencias de toda clase (alcoholismo y yonqueos varios), o estilos de vida, hasta cierto punto, deliberadamente elegidos. Una ola de frío que sobrevino hace pocos años hizo que una de nuestras vecinas nos pidiera un pequeñísimo favor. Había <strong>un señor mayor </strong>que estaba en la calle, y a ella se le había ocurrido que quizá podríamos acogerle unos días en el portal de la casa. Toda la comunidad, nuestra pequeña comunidad, aceptó. Tener a un mendigo durmiendo, en una cama, dentro del portal, me hizo sentirme fatal&#8230; Jamás tendría cojones de meter a una persona en esas condiciones en mi casa, siquiera para ofrecerle una ducha. En nuestra sociedad existe una enorme brecha entre quienes vivimos bajo techo y los que carecen de él. Está la brecha de la higiene, la brecha de la desconfianza, la brecha de la pobreza&#8230; El hombre decía encontrarse divinamente, envuelto en sus mantas y con su cigarro en la boca, protegido del implacable frío de las calles. Supongo que debíamos estar contentos por él, pero ese regustillo amargo me acompañaba al subir las escaleras. Era mi mala conciencia, sin duda.</p>
<p>Señoras que piden, mendigos ambulantes (mutilados físicos y emocionales), vagabundos como <strong>&#8220;el hombre del paragüas&#8221;</strong>. Un señor con barba y batín que, pese a su aspecto, dudo que tenga muchos años. Ciertamente inquietante, su zona de movimiento está entre el <strong>Hospital Noble </strong>y el <strong>Paseo de Reding</strong>. Cada vez que paso a su lado pienso que va a atacarme con su paragüas (de todas las locuras posibles, la mía es la paranoia, desgraciadamente; ojalá fuera la esquizofrenia, mucho más deliciosa y adorable según<strong> Michi Panero</strong>). Pienso que cualquier día de estos va a cargarse a alguien. Pedir no pide, pero te clava los ojos bien clavados. Es pobre, probablemente está loco, y está en la calle. El que está loco de desatar es <strong>un joven treintañero</strong> que también anda por el mismo barrio señorito, y al que me encuentro desde hace años de <strong>Príes </strong>en adelante. Cada vez que se dirige a un transeúnte le suelta alguna genialidad. Y eso que tiene una mirada bastante agresiva pero que a su vez parece más burlona que otra cosa. Es alto, flaco y de piel morenísima, seguramente fue guapo en su juventud, pero la vida en la calle acelera los procesos de vejez de forma inexorable&#8230;</p>
<p>Proclamo una bienaventuranza a favor de los que piden (sin esperar nada a cambio, como hacemos la mayoría de los mortales). A favor de los que eligen vivir al raso, o la vida les acaba arrastrando a la intemperie. A favor de quienes se lanzan día a día a la búsqueda de la vida en las calles desiertas de amor y de confianza. A favor de quienes ya no tienen nada que perder, y por eso son más libres que todos nosotros.</p>
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		<title>Joe Boyd. Un renacentista en la era psicodélica</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Apr 2010 20:07:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[&#8220;Los años sesenta empezaron el verano de 1956, finalizaron en octubre de 1973 y tocaron techo justo antes del amanecer del 1 de julio de 1967, durante una actuación de Tomorrow, en el club UFO de Londres&#8221;.
(&#8220;Blancas bicicletas&#8221;, Global Rhythm, 2007)
&#8220;En busca de Nick Drake&#8220;, de Trevor Dann, fue el libro en el que asomó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>&#8220;</em>Los años sesenta empezaron el verano de 1956, finalizaron en octubre de 1973 y tocaron techo justo antes del amanecer del 1 de julio de 1967, durante una actuación de <strong>Tomorrow</strong>, en el club UFO de Londres&#8221;.</p>
<p>(<strong>&#8220;Blancas bicicletas&#8221;</strong>, Global Rhythm, 2007)</p>
<p>&#8220;En busca de <strong>Nick Drake</strong>&#8220;, de <strong>Trevor Dann</strong>, fue el libro en el que asomó por primera vez para mí el nombre de <strong>Joe Boyd</strong>. Descubrió al joven Nick e impulsó su brevísima carrera musical, produciendo dos de sus tres álbumes: &#8220;Five Leaves Left&#8221; (1969) y &#8220;Bryter Layter&#8221; (1970). Le consiguió conciertos e incluso la única entrevista que el chico del cielo del norte concedió en vida. En octubre pasado, en una brevísima conversación, <strong>Florent</strong> (<strong>Los Planetas</strong>) me habló con muchísimo entusiasmo de este tipo (de Joe Boyd). Bueno, también hablamos de <strong>Syd Barrett</strong>. Pero Joe Boyd y su libro (<strong>&#8220;Blancas bicicletas&#8221;</strong>, Global Rhythm, 2007) centraron este pequeño encuentro, en el que Florent se deshizo en elogios alrededor de esta sensacional figura, crucial en el desarrollo de la música anglosajona durante la década de los 60. Una década que, curiosamente, el propio Boyd acota de 1956 a 1973. Y que magistralmente narra en un libro cuyo subtítulo (<strong>Creando música en los 60</strong>) no puede ser más revelador. Revelador de un prohombre del rock criado musicalmente al calor del jazz y del blues (siendo apenas un adolescente). Y cuyo talento es más que evidente, teniendo en cuenta la nómina de grupos y solistas a los que produjo en esta y otras épocas (<strong>The Incredible String Band</strong>, <strong>Fairport Convention</strong> y <strong>Pink Floyd,</strong> entre muchos otros). Bendita casualidad la que tuvo lugar un día durante un ensayo de <strong>Severine</strong>: al comentar este episodio a<strong> Ramón</strong>, uno de mis compañeros de banda, éste me comentó que tenía &#8220;Blancas bicicletas&#8221;. A los pocos días, en un encuentro casero de la banda, se lo trajo consigo.</p>
<p>Me he quedado prendada de la trayectoria de este hombre. Sin duda alguna, su pasión y conocimiento de la música popular, su empeño personal, a la par que un contexto fabuloso e irrepetible, y ciertas dosis de suerte (por qué no decirlo), han convertido la carrera profesional de Joe Boyd en una auténtica heroicidad. Algo con lo que jamás podremos soñar quienes, de una u otra manera, hemos <em>consagrado</em> un poco nuestra vida a la música y a la cultura del pop. Una cultura propia de colonizadores anglosajones que, como el catolicismo en tierras latinoaméricanas, se ha enraizado en nuestro sentir hasta el punto de confundirse con nuestra propia tradición de música popular en ocasiones (la más cercana para nosotros, en tierras sureñas, el flamenco). Eso, en el más extremo de los casos. A nivel meramente superficial, he de reconocer que, para mí, esta música de origen africano es la que le da cierto sentido a esta [por lo demás], aburridísima existencia. Soy una pesada pero siempre pienso en la letra de<strong> &#8220;Rock and Roll&#8221;</strong>, de <strong>Lou Reed</strong>, cuando se refiere a aquella niña, Jenny. No sé si es parecido a <strong>&#8220;Nuevas Sensaciones&#8221;</strong>, de Los Planetas. Lo digo por ese despertar&#8230;</p>
<p><strong>Ignacio Juliá</strong>, uno de los mejores <em>rock journalist</em> que ha dado nuestro país (si no el mejor), traduce un libro que, no sólo está bien escrito, sino que además es profundamente entretenido, pródigo en anécdotas e historietas que descubren al caleidoscópico Boyd: al <strong><em>connoisseur</em> </strong>(¡qué le gusta esta palabreja a nuestro hombre!), al productor musical que quería ganarse la vida escuchando música, al hombre de negocios que trabajó con Chris Blackwell (de Island Records) y tantos otros, al ser humano que lloró a <strong>Sandy Denny</strong>, al visionario que creyó en proyectos como el <strong>UFO</strong>, a uno de los tipos que tomó parte activa en el asalto eléctrico de <strong>Dylan </strong>en aquel legendario <strong>Newport</strong> del 65&#8230; Y, sobre todo, al cronista excepcional de una época que nos sigue fascinando a algunos, y que constituye una permanente fuente de inspiración (pese al tiempo transcurrido).</p>
<p>Realmente, a Joe Boyd sólo le faltó tocar en una banda&#8230; Su vínculo más familiar con la música fue su abuela pianista, de la que probablemente heredó esa sensibilidad artística (deudora de un pasado eminentemente europeo). Eso sí, el ver los toros desde la barrera no le restó un ápice de intensidad a la hora de experimentar <em>casi </em>todas las procesos del engranaje del negocio musical: la producción musical, el<em> management</em>, el trabajo de promotor y <em>road manager</em>, la promoción de discos, la gestión de la pionerísima UFO (cuando el concepto <em>sala de conciertos </em>dudo que existiera)&#8230; El norteamericano probó, a base de éxitos y fracasos, todas estas ocupaciones. Apostando por una vida trepidante (y también inestable a todos los niveles), pero pasándoselo muy bien. Que en definitiva es de lo que se trata.</p>
<p><a href="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/04/newport_1965-jim-floyd_20070208_105822.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-595" title="newport_1965-jim-floyd_20070208_105822" src="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2010/04/newport_1965-jim-floyd_20070208_105822-300x201.jpg" alt="" width="300" height="201" /></a></p>
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		<title>The Exploding Plastic Inevitable (E.P.I.)</title>
		<link>http://www.locutriz.es/blog/?p=549</link>
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		<pubDate>Mon, 07 Dec 2009 16:28:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Andy me dijo que podría escribir una canción sobre Edie Sedgwick. Respondí, &#8216;¿Sobre qué?&#8217;, entonces el contestó, &#8216;Oh, no crees que es una auténtica femme fatale, Lou?&#8217; Así que escribí &#8216;Femme Fatale&#8217; y se la di a Nico&#8230;&#8221; (Lou Reed)
En 1966, Andy Warhol ya había empezado a usar metraje para contar con imágenes lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Andy me dijo que podría escribir una canción sobre Edie Sedgwick. Respondí, &#8216;¿Sobre qué?&#8217;, entonces el contestó, &#8216;Oh, no crees que es una auténtica <em>femme fatale</em>, Lou?&#8217; Así que escribí &#8216;Femme Fatale&#8217; y se la di a Nico&#8230;&#8221; <strong>(Lou Reed)</strong></p>
<p>En 1966, <strong>Andy Warhol</strong> ya había empezado a usar metraje para contar con imágenes lo que hacía <strong>The Velvet Underground</strong>, así como para inmortalizar todo lo que se gestaba alrededor de la banda. Según <strong>Victor Bockris</strong>, de enero a abril de ese año, la Velvet vivió su período de oro junto a la maquinaria artística de su &#8220;director artístico&#8221;.  Un año antes, <strong>Rosalind Stevenson</strong> ya les había filmado en su apartamento. Sonada fue, igualmente, la irrupción de Warhol, su séquito (entre quienes estaba la bellísima <strong>Edie Sedgwick</strong>), y la formación inicial de la Velvet en una convención de psiquiatras donde causaron algo más que sensación (el ensordecedor volumen fue descrito por uno de los asistentes como &#8220;una efímera tortura cacofónica&#8221;)&#8230; Después de aquello fue cuando Warhol rodó uno de los ensayos en la Factory bajo el título de &#8220;Symphony of Sound&#8221;.</p>
<p>La gira de<strong> Andy Warhol, Up-Tight</strong> se convirtió en <strong>The Exploding Plastic Inevitable</strong>. Lou Reed dice, sin embargo, que ya en la antigua Cinemateque de Lafayette Street actuaban con películas de fondo. Todo el mundo aportaba ideas en ese momento: &#8220;¿cómo lo podemos hacer más interesante?&#8221;, comentaba Warhol tras el bolo. Focos estroboscópicos cuyas lentes provocaban la ilusión de inmovilidad de los objetos; la danza del látigo de <strong>Gerard Malanga</strong> y otros bailarines como <strong>Mary Woronov</strong> (una esbelta estudiante de arte que otro de los colaboradores de Warhol, <strong>Paul Morrissey</strong>, había conocido en la Universidad de Cornell), <strong>Ronnie Cutrone</strong> o <strong>Ingrid Superestar </strong>(desposada con Satanás para la ocasión). El ruido atronador que salía de los amplificadores y que colocaba a los espectadores en el límite de sus fuerzas&#8230; &#8220;Si la gente lo aguanta diez minutos, tocaremos quince. Esa es nuestra política, que siempre se queden con ganas de menos&#8221; (Andy Warhol). Las imágenes se proyectaban por doquier, ya fuera en movimiento o con diapositivas a las que Warhol añadía papel celofán coloreado. Así, piezas audiovisuales como &#8220;Harlot&#8221;, &#8220;Banana&#8221;, &#8220;Sleep&#8221;, &#8220;Empire&#8221; o &#8220;Kiss&#8221; formaban parte del espectáculo y podían verse en todas las tonalidades posibles.</p>
<p>La escenografía del E.P.I. (cuyo nombre tomó Morrissey de un &#8220;texto anfetamínico e incoherente&#8221; de la portada de &#8220;Bringing It All Back Home&#8221;, de <strong>Bob Dylan</strong>) incluía a una banda que daba la espalda al personal, y un público que por vez primera tomaba cierto protagonismo. En ese sentido, y con toda la parafernalia artística que el Exploding traía consigo, es justo considerarlo como el primer <em>show </em>de la historia del rock que practicó la interdisciplinariedad e incluso la interactividad (rompiendo con el concepto vertical que separaba al músico/o banda de la audiencia). Tales eran su capacidad para soliviantar al no-respetable y sus dimensiones transgresoras que, incluso habiéndole pasado por encima más de cuatro décadas, el E.P.I. sigue siendo tan moderno y atrayente como en sus orígenes.</p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"><strong>Felip Vidal i Auladell</strong> analiza la posmodernidad de esta experiencia en su texto &#8220;Cinismo y Marginalidad. Andy Warhol y The Velvet Underground en Exploding Plastic Inevitable&#8221;. Especialmente en relación con la actitud ética y estética de Andy Warhol, quien aseguraba que en Nueva York &#8220;hay tanta gente con la cual competir que la única esperanza de conseguir algo es la de cambiar tus gustos en favor de lo que la gente no quiere&#8221; [1]. ¿Oportunismo u oportunidad? Personalmente me es igual, me importa más lo que Vidal i Auladell califica como &#8220;elementos del <em>shocker pop</em> que son claramente valorativo-subversivos&#8221;, que son transgresores, y que forman parte del Exploding Plastic Inevitable. Una subversión no necesariamente transformadora a nivel social, pero que de alguna manera es susceptible de &#8220;vaciar de fundamento relaciones económicas y sociales propias del capitalismo avanzado&#8221; [2]. Y que, transcurrido el tiempo, goza de mejor salud que los postulados <em>hippies</em>, desgastados por la incoherente trayectoria de la mayor parte de quienes los enunciaron.<br />
</span></p>
<p>En &#8220;Up Tight The Velvet Underground Story&#8221;, Victor Bockris y Gerard Malanga citan a <strong>Marshall McLuhan</strong> al referirse a los objetivos formales del E.P.I, como concepto desarrollado dentro de un entorno artístico en el que los grupos minoritarios podían al fin mezclarse y comprometerse de alguna manera. &#8220;Nos hemos convertido en seres interrelacionados, responsables los unos de los otros&#8221;, aseguraba el teórico de la comunicación [3]. La representación de lo bello ya no era un asunto moderno, y la posmodernidad recogía un testigo artístico en el que actitud y aptitud convivían de forma desafiante. Posmodernidad basada en el &#8220;consenso de un gusto que permitiría experimentar en común la nostalgia de lo imposible, aquello que indaga por presentaciones nuevas, no para gozar de ellas sino para hacer sentir mejor que hay algo que es impresentable&#8221; [4]. En este sentido, cabe destacar en el montaje del E.P.I. un valor sinestésico que entremezclaba diferentes lenguajes artísticos, confundidos y en permanente evolución. Valor que se ha convertido en una constante: para muchos artistas, el escenario multimedia es poco menos que imprescindible. Un escenario que, no olvidemos, fue creado por un grupúsculo visionario y con múltiples cabezas pensantes (<strong>Barbara Rubin </strong>y Paul Morrissey, entre otros), que trabajó inspirado por la psicodelia marginal de la Velvet&#8230; Underground.</p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;">[1] Warhol, A. Mi Filosofía de A a B y de B a A, p. 102. Tusquets Editores, Barcelona, 2006.</span></p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;">[2] Vidal i Auladell, F. </span><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;">Cinismo y Marginalidad. Andy Warhol y The Velvet Underground en Exploding Plastic Inevitable.</span></p>
<p>[3] Bockris, V., Malanga G. Up Tight The Velvet Underground Story, p. 63. Editorial La Máscara, 1996.</p>
<p>[4] Lyotard, J. F. La posmodernidad (explicada a los niños), p. 25. Editorial Gedisa, Barcelona, 1990.</p>
<p><a href="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2009/12/andywarhol_14x22.jpg"><img class="alignnone size-medium wp-image-570" title="andywarhol_14x22" src="http://www.locutriz.es/blog/wp-content/uploads/2009/12/andywarhol_14x22-183x300.jpg" alt="" width="183" height="300" /></a></p>
<p><span style="font-size: 10pt; font-family: Verdana;"><br />
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		<title>Comportamientos socialmediáticos (part. 1)</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 13:23:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Supongo que el mundo de las redes sociales está sobrepasando a teóricos y analistas, que apenas tienen tiempo ya para interpretar detenidamente la evolución de la comunicación en el medio digital. Como no soy teórica y en este inmenso maremágnum de datos me pierdo irremediablemente, prefiero observar comportamientos y tomar nota para poder extraer algunas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Supongo que el mundo de las redes sociales está sobrepasando a teóricos y analistas, que apenas tienen tiempo ya para interpretar detenidamente la evolución de la comunicación en el medio digital. Como no soy teórica y en este inmenso maremágnum de datos me pierdo irremediablemente, prefiero observar comportamientos y tomar nota para poder extraer algunas pequeñas conclusiones.</p>
<p>La red la convertimos en social porque todo el <strong>&#8220;internautado&#8221; </strong>(permitidme el palabro) forma parte de ella, e interactuamos en ella como personas que somos. En este sentido, no puedo dejar de pensar en una especie de sala virtual a la que entramos y salimos para entrar en contacto con otros congéneres. ¿Hace falta pegar gritos, agitar las manos para que nos vean/lean mejor? Algunos pensarán que sí, aunque eso mismo no lo harían en otro espacio paralelo, el real (en, pongamos, un bar). Pues eso mismo, en un afán de notoriedad sin límites, es lo que hacen algunos en este espacio donde ese cierto halo de irrealidad desata las más ridículas intervenciones, un mal uso del <strong><em>social media </em></strong>que, como otras cosas en esta vida, puede volverse contra uno mismo (si no se utiliza bien).</p>
<p>Observo también diferentes tipos de emisores y receptores dentro de la red social: <strong>el ausente, el agradecido, el receptivo, el &#8220;solo emisor&#8221;, y el &#8220;superemisor coñazo&#8221;</strong>. El ausente (como bien indica la palabra), no está. Figura como socio del club, pero no va a ver ningún partido. Es invisible. El agradecido es un receptivo necesario, como esos centrales leñeros a los que aborreces cuando no juegan contigo (pero que adoras si militan en tu equipo). El receptor agradecido está ahí para apoyarte y demostrar el <em>feedback</em> que generan tus publicaciones (ya sea en forma de &#8220;estado&#8221;, &#8220;enlace&#8221; o &#8220;evento&#8221;). El emisor receptivo publica más bien poco, básicamente es receptor de mensajes, y se muestra receptivo a la hora de recibirlos (nunca mejor dicho, vaya trabalenguas). Opina o interviene en las publicaciones de los demás, en muchas ocasiones para secundar lo publicado por el emisor de turno (o no). El &#8220;solo emisor&#8221; nunca participa en conversaciones ajenas, se siente portavoz de sí mismo de alguna manera, y establece, en cada intervención, una suerte de &#8220;he dicho&#8221; un tanto irritante. De cualquier manera, puede ser un emisor interesante, poco complaciente con los demás elementos, y muy seguro de que sus mensajes van a ser leídos/seguidos/interpretados por el resto de la comunidad.</p>
<p>Ahora bien, y llegando ya al final de este post pseudoteórico, tengo que detenerme en uno de los fenómenos que más me llaman la atención de estos comportamientos virtuales. El &#8220;superemisor coñazo&#8221; es un yo gigante que vocifera a los cuatro vientos todo lo que hace. Poco le importa si genera <em>feedback</em> o no, si el resto de la comunidad considera relevantes sus propuestas o le &#8220;echa cuenta&#8221; (me encanta esta expresión). Es la autopromoción mal entendida, pues si de autopromoción hablamos, hay que ser especialmente cuidadoso para no generar rechazo en los demás. Al &#8220;superemisor coñazo&#8221; le importa un comino eso mismo, no se muestra empático con sus amigos, está demasiado ocupado en su papel de yo-emisor.</p>
<p>El saber estar es muy importante en esta vida, claro está que en los <strong><em>social media</em></strong> también. Hay emisores sociales muy gamberros y divertidísimos que quizá no se detengan mucho a pensar en la reputación o imagen que proyectan de sí mismos dentro de la red. Pero lo que es imperdonable, en esta vida, es ser un coñazo. Esta frase no es mía, es de <strong>Michi Panero </strong>(en referencia a su hermano <strong>Leopoldo María</strong>). Creo que viene muy bien para concluir esta disertación sobre los comportamientos socialmediáticos.</p>
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		<title>La fotógrafa y la modelo</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Nov 2009 21:04:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Locutriz</dc:creator>
		
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Exponerse ante una cámara no es fácil, especialmente cuando no se tiene costumbre. Sin embargo, a mis 34 años, llevo sintiendo desde hace tiempo la llamada de una experiencia estética en la que podía mezclar cierto anhelo vanidoso con la necesidad de inmortalizar un cuerpo que, se sabe, es de naturaleza perdurable. De paso, me ofrecía como modelo para que una artista en ciernes pudiese realizar un interesante ejercicio de estilo (al calor de mi propia desnudez). Eso sí, la manipulación no podía ir más allá del uso de focos, y de la cámara en sí misma. Sin retoques. La sola idea de verse forzada a captar el instante le gustaba mucho a la fotógrafa en cuestión. Por mi parte, quería asegurarme de que las imágenes destilasen autencidad, y me mostrasen tal y como soy en este preciso momento.</p>
<p>El estilismo lo fuimos más o menos decidiendo en un intercambio de mails muy enriquecedor. Nuestro referente estético, como no podía ser de otra forma, era <strong>Patti</strong>. <strong>Mapplethorpe</strong> extrajo toda la poesía de su cuerpo a través de magníficas instantáneas, y nosotras estábamos dispuestas a inspirarnos en ellas. Así, un homenaje dio paso a otro. En la portada de <strong>&#8220;Horses&#8221;</strong>, nuestra heroina se cuelga una chaqueta en honor a <strong>Sinatra</strong>. En la sesión del pasado lunes, comenzamos con un modelo improvisado formado por una camiseta con la imagen de Patti (que mi querida <strong>Mia</strong> retocó en su momento para mí), pantalones negros ajustados de tela, y una camisa blanca que osé colgarme de manera similar. De alguna forma, le devolvemos así todo el cariño a una artista que nunca ha dudado en proclamar a los cuatro vientos de dónde vino y cuáles eran sus ídolos. <strong>Mariví</strong> me propuso fumar, así que me fumé medio cigarrillo a las 10 de la mañana. Algo insólito en mí, pero que sin embargo me apetecía muchísimo hacer, pues soy de las que sigue creyendo en el <em>glamour</em> del humo. Desde el principio pensé que convertir mi habitación en un estudio improvisado podía ser muy interesante, pero habría que ambientar la sesión con la música adecuada. Elegí el<strong> &#8220;Forever Changes&#8221;</strong>, de <strong>LOVE</strong>, un bellísimo álbum de canciones absolutamente inspiradoras. A la beatleniana Mariví le encantó la idea. El sonido de LOVE inundaba la estancia mientras yo ensayaba posturas frente al espejo&#8230;</p>
<p>Pronto no me quedó más remedio que mirar a la cámara, sin duda lo peor de todo para alguien que no las tiene todas consigo. Eso me costó mucho más que desnudarme. Desnudarme fue lo más sencillo de todo, lo único que tenía que hacer era desvestirme, y eso lo haces simplemente (no es algo que pueda salir bien o mal). Fijar la vista en la cámara es algo mucho más profundo, complejo y acojonante. La mirada del temor a que la cámara no te capte como tú quieres verte&#8230; <strong>Grace Slick</strong>, otra gran mujer como Patti, sonaba al tiempo que los disparos de Mariví, muy concentrada en la composición más adecuada, la postura deseada, la expresión precisa. Dificilísimo, debe de ser, el arte de escrutar la imagen de alguien a través de una máquina. Hablamos largo y tendido de las bondades de lo analógico, del cuarto oscuro, de la magia del revelado. Volví a vestirme, me puse unos viejos tacones de mi madre, muy recogidos. Y comencé a sentirme cómoda en mi papel de modelo. Por fin.</p>
<p><a href="http://nashdesign98.blogspot.com/">http://nashdesign98.blogspot.com/</a></p>
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		<title>Maridaje del pop en el Puerto de Santa María</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 18:39:26 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Monkey Week</strong>, encuentro de profesionales de la música independiente que tuvo lugar del 9 al 12 de octubre en el <strong>Puerto de Santa María</strong> (Cádiz), nos deparó una sorpresa (a <strong>Ana Berrocal</strong>, de <strong>La Opinión de Málaga</strong>, y a mí misma). La noche del viernes (con los inmensos <strong>Wire</strong> reventando el escenario del Monasterio de la Victoria), <strong>Julio Ruiz </strong>(<strong>Radio 3</strong>) nos comentó que le habían liado para protagonizar una curiosa y grata  experiencia vinícola&#8230; Una cata melómana en la que debía pinchar aquellas canciones que le habían inspirado ciertos vinos (un total de cinco, testados previamente por él mismo). Así, y puesto que Julio tuvo la amabilidad de invitarnos, nos plantamos en una fabulosa bodega de <strong>Osborne</strong> para ver cómo se desarrollaba la historia, y de paso probar tan prometedores caldos mientras escuchábamos al <strong>dj Rojiblanco</strong> narrar en directo la jugada.</p>
<p>La verdad es que, de los allí presentes (unas 15 personas), sólo reconocí al director del <strong>Ruta 66</strong>, <strong>Ignacio Juliá </strong>(quien acabó tan entusiasmado con la idea que incluso habló con Julio de hacer una gira gastronómica-rockera por ahí). El ambiente era distendido, como no podía ser de otra forma, y el protagonista fue presentando cada tema musical (previo lingotazo por parte del personal, cada vez más animado a medida que avanzaba la sesión). El rosado con el que arrancamos, espumoso y refrescante, primo hermano del champán, tuvo su correlato directo con los siguientes títulos: &#8220;Pretty in Pink&#8221;, de <strong>Psychedelic Furs</strong>, y &#8220;Champagne Supernova&#8221;, de <strong>Oasis</strong>.</p>
<p>La impoluta mesa que nos habían preparado a los asistentes constaba de un gracioso picoteo, así como de un &#8220;menú degustación&#8221; vinícola que se componía de cinco copas que correspondían a los siguientes caldos: Rosafino 2008, Gadir, Pedro Ximénez, Bailén y Fino Quinta. Al Rosafino le siguió, pues, un afrutado que mezclaba manzana con uvas francesas y gaditanas (y que respondía al latino nombre de Gadir). No podían faltar, pues, las referencias a la &#8220;cosecha de la tierra&#8221;, como bien apuntó el abajofirmante de <strong>&#8220;Disco Grande&#8221;</strong>. En este caso, el grupo de la añorada (y rescatada recientemente por Remate)<strong> Muni Camón</strong>, <strong>Maddening Flames</strong>, fue el que sonó en la estancia. El tema elegido, &#8220;Pretty Girl&#8221;. La segunda referencia llegó de la mano de la <strong>Mantovani Orchestra</strong>, dirigida por el italiano <strong>Annunzio Paolo Mantovani </strong>(&#8221;Little Green Apples&#8221; fue la pieza que aportó <em>glamour</em> a la sesión; no todo iba a ser rockandroll). De ahí pasamos al mayor peligro que se conoce en este planeta (al menos lo es para quien esto escribe). Un vinito dulce que responde al poderoso nombre de Pedro Ximénez: caldo de gran personalidad, de aromáticas pasas que atraviesan el gaznate a sus anchas. <strong>Moby Grape </strong>y <strong>The Bitter Springs</strong> fueron los grupos elegidos por el periodista para ilustrar las sensaciones que provoca un vino que rápidamente identifiqué como mi favorito (es que soy de Málaga, en fin). &#8220;Can&#8217;t Be So Sad&#8221; y &#8220;And Even Now&#8221; sonaron, una detrás de otra, en el ecuador de una cita que iba subiendo de grados, risas y confraternización musical. Atemporal, además, pues de los iniciales 90 nos habíamos plantado, por la cara, en los siempre excitantes 60.</p>
<p>Bailén fue el siguiente vino de la cata musical. Vino veterano, seco y típico de Cádiz, lo acompañamos con una banda igualmente veterana (<strong>Pavement</strong>) cuyo <em>comeback</em> nos anunció quien presidía la mesa (la actualidad informativa mandaba, ¿no?). Tras esa maravilla llamada &#8220;Shady Lane&#8221;, escuchamos a aquella chica &#8220;de piel caoba&#8221; (como el propio vino que estábamos catando) que llegó a lo más alto desde un origen más que humilde. <strong>Diana Ross</strong>, en los tiempos de las <strong>Supremes</strong> (&#8221;Where did our love go&#8221;). El aperitivo lo terminamos con un Fino Quinta (era de esperar) cuya banda sonora la formaron<strong> Olive</strong> (&#8221;You&#8217;re Not Alone&#8221;) y las en su día poderosísimas <strong>Veruca Salt </strong>(&#8221;Sheether&#8221;). Referencias del rock y el trip hop insertadas en una época definitivamente querida para Julio Ruiz, todo un referente de la radio musical española y de la prensa musical. Y un buen aficionado al vino, como pudimos apreciar quienes tuvimos el privilegio de estar allí.</p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=IV-13tl7ol4" target="_self">http://www.youtube.com/watch?v=IV-13tl7ol4</a></p>
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		<title>Sonia Briz</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 17:41:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[http://www.rtve.es/radio/20091008/adios-gran-dama-electronica-radio/295630.shtml
Leo esta mañana que Sonia Briz, locutora de Radio 3, ha muerto. Lo anunció hace unos días Tomás Fernando Flores en &#8220;Siglo XXI&#8221;. Recuerdo haberla escuchado en alguna ocasión, de madrugada, mientras conducía desde cualquier parte del mundo en dirección a mi hogar. Sonia tenía una voz muy peculiar, absolutamente apta para esas avanzadas horas: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.rtve.es/radio/20091008/adios-gran-dama-electronica-radio/295630.shtml">http://www.rtve.es/radio/20091008/adios-gran-dama-electronica-radio/295630.shtml</a></p>
<p>Leo esta mañana que <strong>Sonia Briz</strong>, locutora de <strong>Radio 3</strong>, ha muerto. Lo anunció hace unos días <strong>Tomás Fernando Flores</strong> en <strong>&#8220;Siglo XXI&#8221;</strong>. Recuerdo haberla escuchado en alguna ocasión, de madrugada, mientras conducía desde cualquier parte del mundo en dirección a mi hogar. Sonia tenía una voz muy peculiar, absolutamente apta para esas avanzadas horas: cálida y carismática, susurrante y a la vez un pelín enigmática. Así retransmitía las sesiones de su <strong>&#8220;Zona 3&#8243;</strong>, espacio referencial para los amantes de la electrónica. En parte la envidié (como a todos aquellos profesionales que han tenido la dicha de hacer radio nocturna; una espinita que tengo clavada), y en parte la admiré, como a todas las féminas que han pasado por la radio pública (por lo demás, bastante escasas). La muerte de esta locutora singular, clave en la difusión de la cultura del techno y la música de baile en este país, ha desatado múltiples mensajes de condolencia en la red. Está claro que tenía muchos fans, y que se lo merecía. Descanse en paz.</p>
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