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Posts in ‘Una Chica de Mundo’

La fotógrafa y la modelo

Nov 08

Exponerse ante una cámara no es fácil, especialmente cuando no se tiene costumbre. Sin embargo, a mis 34 años, llevo sintiendo desde hace tiempo la llamada de una experiencia estética en la que podía mezclar cierto anhelo vanidoso con la necesidad de inmortalizar un cuerpo que, se sabe, es de naturaleza perdurable. De paso, me ofrecía como modelo para que una artista en ciernes pudiese realizar un interesante ejercicio de estilo (al calor de mi propia desnudez). Eso sí, la manipulación no podía ir más allá del uso de focos, y de la cámara en sí misma. Sin retoques. La sola idea de verse forzada a captar el instante le gustaba mucho a la fotógrafa en cuestión. Por mi parte, quería asegurarme de que las imágenes destilasen autencidad, y me mostrasen tal y como soy en este preciso momento.

El estilismo lo fuimos más o menos decidiendo en un intercambio de mails muy enriquecedor. Nuestro referente estético, como no podía ser de otra forma, era Patti. Mapplethorpe extrajo toda la poesía de su cuerpo a través de magníficas instantáneas, y nosotras estábamos dispuestas a inspirarnos en ellas. Así, un homenaje dio paso a otro. En la portada de “Horses”, nuestra heroina se cuelga una chaqueta en honor a Sinatra. En la sesión del pasado lunes, comenzamos con un modelo improvisado formado por una camiseta con la imagen de Patti (que mi querida Mia retocó en su momento para mí), pantalones negros ajustados de tela, y una camisa blanca que osé colgarme de manera similar. De alguna forma, le devolvemos así todo el cariño a una artista que nunca ha dudado en proclamar a los cuatro vientos de dónde vino y cuáles eran sus ídolos. Mariví me propuso fumar, así que me fumé medio cigarrillo a las 10 de la mañana. Algo insólito en mí, pero que sin embargo me apetecía muchísimo hacer, pues soy de las que sigue creyendo en el glamour del humo. Desde el principio pensé que convertir mi habitación en un estudio improvisado podía ser muy interesante, pero habría que ambientar la sesión con la música adecuada. Elegí el “Forever Changes”, de LOVE, un bellísimo álbum de canciones absolutamente inspiradoras. A la beatleniana Mariví le encantó la idea. El sonido de LOVE inundaba la estancia mientras yo ensayaba posturas frente al espejo…

Pronto no me quedó más remedio que mirar a la cámara, sin duda lo peor de todo para alguien que no las tiene todas consigo. Eso me costó mucho más que desnudarme. Desnudarme fue lo más sencillo de todo, lo único que tenía que hacer era desvestirme, y eso lo haces simplemente (no es algo que pueda salir bien o mal). Fijar la vista en la cámara es algo mucho más profundo, complejo y acojonante. La mirada del temor a que la cámara no te capte como tú quieres verte… Grace Slick, otra gran mujer como Patti, sonaba al tiempo que los disparos de Mariví, muy concentrada en la composición más adecuada, la postura deseada, la expresión precisa. Dificilísimo, debe de ser, el arte de escrutar la imagen de alguien a través de una máquina. Hablamos largo y tendido de las bondades de lo analógico, del cuarto oscuro, de la magia del revelado. Volví a vestirme, me puse unos viejos tacones de mi madre, muy recogidos. Y comencé a sentirme cómoda en mi papel de modelo. Por fin.

http://nashdesign98.blogspot.com/

Cabestrillo-Art

Jul 28

Bob Dylan y Frank Zappa aprovecharon muy bien sus retiros forzosos (tras un accidente de moto el uno, y después de sufrir el ataque de un pirado el otro). En el caso de Bob, aquel suceso fue el germen de sus famosas “The Basement Tapes” (con The Band); Zappa no perdía el tiempo nunca, y por eso sacó partido a sus horas muertas con la creación de dos álbumes: “Waka/Jawaka” y “The Grand Wazoo”…

Cabestrillo-Art es la propuesta plástica para estados de tedio inmovilizado. Las tendencias se hacen eco de la multiplicidad de soportes: cualquier cosa [casi] es susceptible de albergar y difundir una obra de arte. ¿Por qué no la escayola (por lo demás, asociada desde nuestros tiempos infantiles a la más hermosa artesanía)? En un mundo en el que el arte ya no es restrictivo ni elitista, me ha dado por imaginar que el Cabestrillo-Art existe. Apto, adecuado, saludable y asequible para todos los públicos.

Ajena a sentimientos gremiales

Jul 21

No me van los sectorialismos. De ningún tipo. Me considero ajena a sentimientos gremiales, corporativismos, escenas y tribus (urbanas o rurales). En el mundo de la música, es común la agrupación de seres que convergen alrededor de ideas comunes, gustos y apariencias estéticas (incluso sexuales: éstas ya forman parte de la propia tendencia). El trendysmo y la pose, la definición e incluso la provocación colectiva, están lejos del pequeño caminito que me he ido trazando a base de filias, fobias y sensaciones diversas (no poco mediatizadas, por supuesto; no voy a ir de original). Carezco de compostura alguna que mantener, para bien o para mal. Por eso en ocasiones siento esa indefinición como una profunda grieta que me separa de mis congéneres, especialmente entre ciertas comunidades musicales y estéticas, profundamente aferradas a criterios dogmáticos, corsés asfixiantes, discursos agotadores. Me gusta esto/no me gusta lo otro/me gusta esto/no me gusta lo otro (como Amélie Poulain; diva, por cierto, de infinidad de sujetos gremiales y no gremiales, que se identifican con tan bondadoso personaje ¡ay!).

Es muy común, hoy día, dividir la comunidad social de la que uno forma parte en compartimentos absolutamente cerrados e inalterables. La promoción de la endogamia es una consecuencia directa de estas prácticas, entiendo. Bien es verdad que hay personas a las que cuesta juntar (sobre todo cuando las diferencias culturales o el nivel formativo son insalvables); pero lo que ocurre, en un mundo tan segmentado, es que muchas personas no tienden a “mezclar amistades diferentes” (únicamente porque pertenecen a distintos grupos gremiales). Lo cual favorece un proceso de “guetización” en el que, al parecer, todo Dios parece sentirse muy a gusto. No sé si es que el hecho de la pertenencia al grupo, ya de por sí, provoca cierto aumento del amor propio o autoestima (esto lo deben de saber los sociólogos o psicosociólogos). Supongo que se tratará de eso. En caso contrario, es que no encuentro qué tiene de divertido el hecho de compartir el ocio (siempre o casi siempre) con la misma gente, en el mismo lugar y bajo las mismas circunstancias.

Benedetti y sus jóvenes enseñanzas

May 18

La muerte, a los 88 años de edad, del poeta Mario Benedetti, me ha hecho reflexionar sobre el paso del tiempo, y los conceptos relativos de juventud y vejez. Ejemplo de afabilidad, sensibilidad e inteligencia, el artista tuvo a bien acercarse a las generaciones chicas con un libro: “Memoria y esperanza. Un mensaje a los jóvenes”. Me encanta su manera de dirigirse a la juventud: desde su dilatada experiencia vital pero sin prepotencia, desde la curiosidad por saber cómo se sienten sus congéneres (independientemente de su edad), más que desde un hipotético ”estar de vuelta” (por otro lado, tan absurdo y tan cómun en nuestra especie); desde la humildad y la decencia de un espartano que abomina de las grandes insensateces de nuestro mundo actual (las guerras y el consumismo, el capitalismo y sus injusticias).

Se puede decir que Benedetti se ha mantenido joven hasta el final. Los propósitos de juventud de hoy en día son profundamente superficiales. El niño, adolescente e incluso joven que llevamos dentro muere sin remedio, antes del tránsito propiamente dicho. Parece que es más importante parecer joven, que sentirse joven, o pensar como un joven. Lo primero es lo que impera, está claro. Lo segundo, está al alcance de unos pocos. Lo tercero, no es más que un síntoma de inmadurez. Creo que el uruguayo era capaz de ponerse en la piel de los que tenían más de medio siglo menos que él, y no sólo para darles lecciones, sino para aprender de ellos. Esta es una gran enseñanza para todos nosotros. Para todos los que queremos seguir sintiéndonos jóvenes (de alguna manera).

Por último, quiero terminar esta pequeña y humilde reflexión con parte del texto del que hablo, en este caso del prólogo de este manifiesto juvenil que el octogenario nos deja como legado maravilloso, libro de consulta para estados de desilusión y desesperanza. Tiene más que ver con su visión de la vida, con la idea del conformismo material al que muchos (con cierto afán espartano) nos aferramos. Vivir con lo puesto, no crearse necesidades que esclavicen, escuchar a los que vienen detrás de nosotros (y disfrutarles igualmente). Que Dios te tenga en su Gloria, Mario Benedetti.

“¿Qué puede decir un poeta de más de ochenta años a la gente joven, que no lo haya dicho ya? Poco. Sólo contarles qué satisfecho y bien me siento, cuando octogenario, veo que mis valores de toda la vida siguen vivos, presentes, que nunca tuve la tentación de renunciar a ellos, y que los sigo sosteniendo. Y que toda la vida pude arreglármelas con tan poco, y estar tan contento”.

(Prólogo de “Memoria y esperanza. Un mensaje a los jóvenes”).

¿Cómo resaltar nuestro amor?

May 11

Jim y Pamela, Patti y Fred, John y Yoko, Thurston y Kim, Sid y Nancy, Pete y Kate, Georgia e Ira, Linda y Paul, Ozzy y Sharon, Bob y Rita, Bebe y Steven, Brix y Mark E., Neil y Pegi, Pedro e Isa, Marianne y Mick, Justine y Damon, Serge y Jane, Jason y Kate, Nacho y Christina, Polly Jean y Nick, Pamela y Tommy Lee, Charlie y Shirley Ann (en la foto).

Gente noble

Mar 16

La gente noble está por todas partes: en algunas historias de ficción, y en las vidas reales de cada uno de nosotros. Está entre las gentes creyentes y ateas, entre los desorientados de espíritu y corazón, entre los viciosos y los piadosos, mediocres y sublimes. Y el tiempo pasa para todos ellos, y para todos nosotros, no se detiene, vaya en un sentido o en otro… Y pasa para acercarnos al abismo, y para que le atrapemos y hagamos con él lo que mejor nos venga en gana, haciendo lo único que merece la pena: amar y ser amados hasta el final de nuestros días.

La gente noble me obsesiona y me enternece de manera casi insoportable a veces. Siento como una punzada en el corazón que me lo atraviesa y me abre las carnes, dejándolo al descubierto, reflejado en el claro de luna, tostándose al sol. Al cruzarme con alguien de esa condición humana, mis ojos se tornan brillantes, adquieren una luminosidad especial porque se saben, en esos momentos, conocedores de la más fascinante de las Bellezas, la más absoluta de las Verdades, la más necesaria de las Bondades.

The Cemetery Gates

Feb 13

Una de las pocas cosas que nos honran a los seres humanos es honrar a nuestros muertos. Recordarles, tenerles presentes, sentirles adheridos a nuestra piel y nuestras entrañas. Amarles más allá de nuestras propias existencias, y manterles vivos a través de nuestros sueños. Acudir al cementerio es una de esas costumbres que me gustan, a pesar del inevitable vértigo existencial que a muchos nos entra nada más traspasar sus puertas. Decía mi profesor de griego del instituto, Don Cándido Flores, que a él le gustaba más la palabra “cementerio” (del latín coemeterĭum, y este a su vez del griego, κοιμητήριον), que “necrópolis” (νεκρόπολις, o ciudad de los muertos, literalmente). La verdad es que hasta fonéticamente suena mejor: “cementerio” sugiere descanso, el hecho de yacer, plácidamente, para siempre (”¿qué quiere decir para siempre?”, se preguntaba Neruda); en cambio “necrópolis” me resulta más arisca, más oscura, más descorazonadora. Ciudad de los muertos. Con la cantidad de muertos que hay en las ciudades supuestamente habitadas por vivos…

Es posible que en aquel verso de Bécquer (”¡Qué solos están los muertos!”) radique una especie de mala conciencia, la que lleva a un cuerpo a reencontrarse con un alma, ya sea un Día de Difuntos o cualquier jornada a lo largo del año. Es en un camposanto donde mejor echa sus raíces el olvido, y de alguna manera estamos allí para impedirlo. Detener el tiempo en un lugar donde ya no existe; lo cubrieron la maleza, la piedra, los cuatro elementos. Polvo somos, y en polvo nos convertiremos (merced a un desagradable proceso que nuestra graciosa Madre Naturaleza nos tiene deparado). Aún así, algunos no dudamos en buscar con la mirada el mejor sitio en el que atisbar el concepto del infinito, de lo eterno, de lo finito, de lo imperdurable. Todas las paradojas humanas se dan cita allí, y se entremezclan en un maremágnum de sensaciones, emociones y creencias.

También nos invade un irremediable sentimiento de ternura, besamos lápidas o, como decía la canción de los Smiths, “The Cemetery Gates”… So we go inside and we gravely read the stones/All those people all those lives/Where are they now?/With the loves and hates/And passions just like mine/They were born/And then they lived and then they died/Seems so unfair/And I want to cry… Pensamos en que no siempre estuvieron allí, también formaron parte de este lado. Y que compartimos con ellos el mismo destino. Por descontado.

A Lolita, con unas rosas blancas. En su aniversario.

Pepa’s Revenge

Jan 09

No contábamos con eso. Con que Ella, de alguna manera, permaneciese aquí. Y ahora, letras insomnes cabalgan endemoniadas entre las yemas de mis dedos. Con más fluidez, con la fluidez que otorga una conciencia que extraña la tela de araña del estado beodo, en el no-silencio de la noche de Alcazabilla nº 11. Se supone que Ella ya se ha ido, pero un halo extraño de su larga y presuntamente inconclusa existencia se ha quedado aquí, se resiste a largarse de un edificio que fue construido durante el siglo pasado. Ahíto de historias, y poblado ahora por unos animales que en la nocturnidad lanzan lamentos ahogados desde sus trincheras. Y a mí se me escapa un segundo de vida cada vez que escucho un chillido desde el ojo patio -que es como el agujero del orto: feo como él solo-. O cada vez que percibo el intento desesperado de franquear el umbral de mi puerta. O cada vez que interiorizo el sonido de unos muros que se desprenden y se caen a pedazos, poniendo de relieve el abandono de un casco antiguo en peligro de extinción.

Ahora tendremos que aprender a convivir con Ellos. Ella se ha empeñado en quedarse en la que fue su casa durante más de medio siglo. Un recuerdo ratonil se ha apoderado de la escalera mugrienta, de escalones empinados y olor a viejo acumulado. E igualmente de nuestras limpias madrigueras y no tan pulcras conciencias (supongo que podríamos haber hecho más por Ella: las leyes de la familia no se impusieron como es debido, y venció la dejadez). Así, entre los sonidos nocturnos, su alma viva resopla como nunca, verbigracia de los siempre malditos roedores, que ahora trastornan nuestra cotidianeidad. Su venganza contra la vida misma, personalizada en su no poca (para los tiempos que corren) solidaria vecindad, se está sirviendo calentita, de casi cuerpo presente. Pepa sigue empeñada en no irse, y su morada sigue en pie, rehabitada como nunca, por nuestros nuevos vecinos. Ahora queda una pequeña lucha por volver a la normalidad, con vertiginosos pasos hacia una burocracia que mucho me temo prescinde de la renta baja (carece de este tipo de, digamos, “contrariedades”). Habrá que echarle paciencia. Mientras tanto, mi piso parece un tanto polanskiano: tal es la claustrofobia que se experimenta a puerta cerrada (y sin reunión). El salón se hornifica por momentos. La cocina está lívida de horror. Y la habitación parece el único espacio donde se respira una tranquilidad “relativa”. Porque sé perfectamente -la soledad no es buena compañía esta clase de circunstancias- que Ellos están ahí. Y Ella también. Miedo me dan.

La Lola se fue a los cielos

Jan 03

Ha pasado ya más de un mes desde que te fuiste, Lola Cebrián, a los cielos. De los puertos de tu querida Virgen del Carmen ascendiste, orgullosa, a lo más alto del mar. A un horizonte desde el que divisamos tu magnífica sonrisa de octogenaria coqueta y carismática: porque tu carácter precedió siempre a tu belleza, como mujer de armas tomar que eras. Que has sido. Y que serás. Porque para mí no te has ido… te tengo muy presente todos los días de mi vida, como a mi otra Lola, Lolita Mena, la mujer más inteligente, preciosa y prudente que haya yo conocido. La de sugerentes labios rojos, ensombrecidos tan pronto por un matrimonio castrador que (¡paradojas de la vida!) dio como fruto siete hijos.

Tu pérdida, mi Lola paternal, madre de mi padre, ha sido un palo de los gordos. No por esperada ha sido menos dolorosa. Veíamos como te ibas poco a poco, agonizando, volviéndote cada vez más pequeña e indefensa. Tus cejas perdían su color, y no había perfume suficiente para restablecer el olor a vida que siempre habías irradiado, ni calor suficiente (¡todo el que te hemos dado en tus últimas horas!) para dotar de movilidad tus manos poderosas… esas que te permitieron criar con valentía y orgullo tus siete hijos, después de enviudar tan pronto. Y superar las penurias a las que te condenó un hombre demasiado locuelo (del que me han quedado a mí algunos genes, no creas).

Te desposaste por segunda vez en contra de la opinión general, porque eras muy consciente de que sólo se vive una vez, y asumiste inconscientemente que en esta vida uno tiene que hacer lo que le de la gana. Así eras tú. Dolores Cebrián Carrera, nacida en la Venta del Rayo de Zafarraya, provincia de Granada. Fallecida el 27 de noviembre de 2008 en Málaga. Amada por sus dos maridos, queridísima por sus hijos, nueras, yernos, nietos y biznietos. Una mujer de las que ya no quedan.

Me quedo con las palabras de mi padre, en el día en que te dimos sepultura: “Ella lo ha hecho muy bien”. Lo hiciste muy bien, Lola. Por eso, y por todo lo acumulado en tus magníficos 84 años de vida, te recordaremos siempre.

Estigmas

Dec 30

Abro esta ventana sin nada particular que decir. Recuerdo aquellos versos que tanto le gustaban a Pedro, “tumbado en la cama/ pienso en la vida/ y en la muerte/ y ninguna de las dos me interesa particularmente”. Creo que eran de Morrissey (cuando estaba con los Smiths). Se me ocurre escribir ahora sobre la importancia de tener más de 30 años, y pasar de puntillas por todas aquellas decisiones que (se supone) hemos de tomar. No es que asuste la vida adulta, ya está bien hombre. Es que la vida adulta que nos quieren encasquetar es un puñetero rollo…

Últimamente estoy empezando a pensar en lo elitista que me estoy volviendo (qué poca gente me gusta, la verdad). La mala educación y la falta de interés en la vida por sí misma me repugnan, así como la convencionalidad (¿existe esa palabra?). En una entrevista concedida al suplemento cultural de El Mundo, se quejaba hace poco Luis Antonio de Villena de que “vivimos años de una incultura brutal”, y lanzaba sentencias como “desde luego la alta cultura es ya incomprensible para la mayoría”, señalando por último a los culpables (”la educación, los malos y bajos planes de estudio. Y algo muy español: despreciar lo que se ignora”). Estoy totalmente de acuerdo con él, pese a que no esté a su altura intelectual. Me recordó tristemente a un episodio que me ocurrió hace muy poco: estaba recordando el año que le dediqué al griego clásico en el instituto, y un dieciochoañero que conozco me espetó (gritando): “sí, claro, ¿y eso pa’ qué te ha servío?”.

Recordé una vez más esa sensación que se te queda cuando a nivel social (en un contexto que puede ser familiar o laboral), alguien te tilda de poco menos que de “imbécil” por haberle dedicado un tiempo importante de tu vida a una formación lo más humanística posible (dentro de una carrera tan estúpida como la que yo hice, la de Ciencias de la Información: menuda chorrada). Ese estigma que tiñe tu rostro de idiota, y te hace recordar otras letras, las de “Creep”: “I’m a creep/ I’m a weirdo/ what the hell I’m doing here/ I don’t belong here”. La música que Radiohead puso a tantos estados carenciales de comprensión y admiración, los que muchos vivimos de jóvenes y adolescentes, estigmatizados porque nuestros entornos cercanos no valoraban en absoluto esa inquietud, esa determinación por beberse el conocimiento que te puede proporcionar la vida.

Ese desdén, no ya por la alta cultura de la que habla Luis Antonio, sino por una cultura un poco menos alta (asequible a poco que pongamos empeño e interés)… ha marcado mi trayectoria vital desde siempre. El último punto ha sido la respuesta que tal jovenzuelo me escupió sin inmutarse. Me dicen unos amigos que se trata de “adaptación al medio” (la del joven en cuestión). Es decir, convertirse en un imbécil, un borrico, un zopenco, un lerdo, un zoquete… es adaptarse al medio. Ahora lo llaman así.