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Posts in ‘Plastic People’

Temas recurrentes, dj’s recurrentes

May 09

A veces (cuando no casi siempre), sólo comprendemos las cosas cuando nos ocurren. Así de idiotas somos. Recuerdo que cuando iba al Jack Daniel’s (garito pionero del indie malagueño), no entendía como su dj pinchaba, cada semana, ciertos temas-fetiche. Entre ellos estaba el “Common People” de Pulp (grupo que por aquella época detestaba; ahora adoro a Jarvis Cocker, ¡lo que son las cosas!). ”¿Por qué tendrá que poner esto siempre?”, me preguntaba entonces. Hoy día, gracias a mi labor de pincha en Retrofásico, creo al fin saber el porqué.

A pesar de mi constante búsqueda de temas para amenizar las beatíficas noches del Trifásico Cocktail Bar, y de prestar mi vida, corazón y sobre todo oídos a tratar de descubrir buena música para ambientar las borracheras del personal, lo cierto es que una-o no puede evitar, en ciertos momentos, aburrirse. Cansarse de sus recopilatorios y selecciones (propias y ajenas), e incluso tener la sensación de que se está hartando al público habitual del garito (aunque no sea así), conduce a cierto hastío cuyo antídoto pasa, paradójicamente, por repetirse a los platos más que el ajo. Encuentro así mi explicación del porqué, ciertos pinchadiscos, tienen una serie de temas predilectos e imprescindibles en casi todas sus sesiones.

En mi caso particular, hay canciones que nunca me canso de pinchar, clásicazos del calibre de “Subterranean Homesick Blues” (Dylan o, en su defecto, la fabulosa versión de The Walkmen), “Think for yourself” (The Beatles), “You’re gonna miss me” (13th Floor Elevators), “Till the end of the day” (The Kinks), “Vicious” (Lou Reed) o el “Gloria” de Van Morrison. Entre mis cortes preferentes están, claro está, muchas de mis bandas favoritas: tal es el caso de Spiritualized (”Shine a light”, para estados de evasión o, como la pasada noche, para echar a los rezagados de siempre), Sonic Youth (”Sugar Kane”), Los Planetas (”Alegrías del incendio” o “De viaje”), o Primal Scream (”Some Velvet Morning”, “Shoot Speed Kill Light”, y miles más; Gillespie es un recurso inagotable y para todos los gustos). Gracias a mi colaboración semanal con este bar he tenido la oportunidad de difundir, para regocijo del sector más melómano y exquisito, joyitas como el “54-46 (That’s My Number)” de Toots & The Maytals, “I surrender” (Bonnie St. Claire, regalo de incalculable valor que me hizo mi queridísimo Ramón), o a la francesa Jocelyne (”Nitty Gritty” es una canción que adoro pinchar). Si tengo un momento místico, pongo de una tacada tres temazos cuyo regusto gospel me hace vibrar: “Saved”, de Dylan, “Movin’ on up”, de Primal Scream, y “Come together”, de Spiritualized. Y me quedo tan pancha. Otros tracks con los que flipo yo solita son “Love is a trashcan” (The Raveonettes), “Losing touch with my mind” (Spacemen 3), “Boys Better” (The Dandy Warhols), “I’ll Keep on Holding on” (The Action) o “Dancing Queen” (ABBA).

Me estoy dando cuenta de que la lista es un tanto larga, así que lo dejo aquí. De momento. Mi conclusión es que, en cualquiera de mis alias (dj Isa45rpm, Spiritualized dj, Part-Time dj [junto con Elenita Simandan], o Niña Isa dj), soy tan coñazo como resto de los pincha…

El bucle nocturno…

Mar 23

Una colega me habló hace poco de lo malos que son los bucles: repetición tras repetición. Decía que odiaba a veces salir por las noches y, de repente, encontrarse en los mismos garitos siempre, y toparse con los mismos pringaos cada vez (repitiendo idénticas frases a determinada hora de la madrugada). En su momento no lo pensé tanto, pero últimamente me he acordado de eso mismo, a propósito de mi faceta de pinchadiscos, y de la plastic people que pulula, campante, por la ciudad. Estoy empezando, después de un año animando el cotarro musical en el centro de calle Beatas, a padecer la “enfermedad del bucle nocturno”.

Un mal que dista mucho de la diversión, del placer de salir de juerga, de lo insólito de ciertas jaranas, de la alegría de estar por ahí, de picos pardos. Cierto es que hablo desde una colaboración remunerada, y no desde la perspectiva del que sale para pasarlo bien. Aún así, creo que pinchando música en un garito puede una pasar ratos increíbles y memorables. Lo que me lleva a esta reflexión es el hecho en sí del aburrimiento que causa, como decía mi colega, el hecho de vivir en una ciudad tan pequeña en la que todo el mundo se conoce, y las personas son más previsibles que las noticias deportivas de Cuatro (Real Madrid News). En ocasiones, adoro esa sensación de familiaridad que se respira en ciertos ambientes… Si bien pronto desaparece, cuando caigo en la asfixiante endogamia que generan. En la falta de interés de su pequeño star-system. En la previsibilidad de cada uno de sus movimientos: “hoy tocamos aquí. Mañana allí. Escucha mi myspace. Pincho pasado mañana en X. Pues aquí estoy, con el equipo de mi corto. Ven a mi exposición el viernes. ¿Viste a Z ayer, iba borrachísimo?”. Y, lo que es peor, en su manifiesta falta de curiosidad.

En un momento dado, cuando una está de marcha, puede huir. Cuando forma parte del ambiente del local, no. Asiste al desfile constante de peña, unos y otros vendiendo su último disco, maqueta, concierto, “proyecto”. Cuando el alcohol arrecia, la maqquinaria promocional da paso a la burda parida. El bucle es un corta y pega que se extiende hasta el infinito, y así, podré estar años escuchando “Isa, ¡pon Spacemen 3!”. Hasta que un día coja al susodicho y le rompa una botella de Alhambra en la cabeza. Y después, le diga, cariñosamente, “por favor, dime algo distinto esta noche, anda”. Y consiga romper el bucle y volver a flipar otra vez con la plastic people y la imprevisibilidad del rock and roll.

Peticiones extrañas

Jan 18

La fauna nocturna sorprende casi siempre. Por un garito como el Trifásico pasan absolutamente todo tipo de gentes (cada uno de su padre y de su madre, of course). Voy a dejar de lado las canciones (el tema por el que suelen dirigirse hacia mí, aparte de para pedir alguna copa). Hoy me voy a centrar en un curioso capítulo: el de las “peticiones extrañas”.

Una noche, una chica se me acercó y, con total confianza, me dijo: “oye, baja la música, anda”. La verdad es que no daba crédito a lo que estaba oyendo… ¿cómo era eso de que bajara la música? Como si fuéramos compañeras de piso, y yo estuviera en el salón y ella en su cuarto tratando de dormir. Creo que le contesté algo así como que estábamos en un bar (”no en tu casa”, pensé yo para mis adentros). En otra ocasión, había una chavala que tenía frío, y quería que quitara el aire acondicionado. Con esta empaticé un poco más, pues a mí me fastidian esos bares-congelador en los que el aire está a tope incluso en diciembre. Pero me costaba bastante saltar la barra en ese momento para acceder a su petición (sobre todo teniendo en cuenta que con mi estatura no llego ni de coña al aparato). La de anoche, sin embargo, es la más extraña de las peticiones que me han hecho, pues afectaba a la propia estética del bar. Al parecer, un foco maldito molestaba sobremanera a una de nuestras clientas (una vez más, yo fui receptora de una petición, bastante absurda por cierto), que en lugar de cambiar de sitio optó por solicitar un cambio de orientación del foco susodicho. ¡Ay!

Otro día le dedicaré un post a las “preguntas extrañas” (que también las hay). De aperitivo, os pongo un ejemplo (ocurrió ayer noche también):

CHICO -Eh, dj, ¿cómo se dice dj en femenino?

YO -Puesssssss… la pinchadiscos, ¿no?

Niña Isa dj

Jan 18

Así me ve el señor Castillo cuando estoy pinchando musica…

My black jits

Dec 27

He aquí algunos temazos imprescindibles para pinchar un sábado noche en Trifásico, y de los que suelo tirar por lo buenos que son… música negra que abarca soul, funk, y rollito latino bien entendido.

Marlena Shaw “California Soul”

Ike & Tina Turner “Contact High”

Sly and The Family Stone “Stand”

Kool & The Gang “Jungleboogie”

Billy Preston “Will It Go Round In Circles”

Bettye Swann  “Kiss my love goodbye”

Funkadelic “Stuffs and Things”

Clyde Brown  “You call me back”

Chi-Lites “Are You My Woman”

Stevie Wonder  “Signed, sealed, delivered I’m yours”

The Commodores  “There’s a song in my heart”

Otis Redding  “Satisfaction”

Rabbits & Carrots  “Las 4 culturas”

Mongo Santamaría  “Lady Marmalade”

Patti Drew  “Hard To Handle”

Ricardo Ray Orchestra  “You talk too much”

Billy Paul  “Am I Black Enough For You”

La Música Contada

Oct 07

Últimamente ando involucrada en movidas musicales (tan sólo). A mi faceta de dj o pinchadiscos se suma mi colaboración con el ciclo de discofórums La Música Contada. Un evento ideado, perpetrado y mantenido durante casi una década en Málaga y otras ciudades andaluzas por el infatigable Héctor Márquez (periodista y gestor cultural). La cosa va de invitar a músicos (o gentes de reconocida trayectoria y notable melomanía), a subirse a un escenario a contar su vida a través de la música, o a hablar de la música que ha influido en sus vidas. Aprender por qué Nick Drake ha sido tan crucial en la carrera de Nacho Vegas, recordar lo decisiva que fue la era grunge en el devenir profesional de Paco Pérez Bryan, saber de dónde procede el genio musical de Fernando Alfaro (Surfin’ Bichos, Chucho, Fernando Alfaro y Los Alineistas). Pasar un buen rato en compañía de un personaje conocido, de un nombre propio del mundo de la música, el arte, el cine, la comunicación, la política… y adentrarse en facetas personales distintas.

Y escuchar música, y hablar de ella (por supuesto). En eso consiste el rollo.

La Música Contada es un proyecto que siempre me ha gustado particularmente. Como fan de la música, y como fan de determinada gente a la que he tenido oportunidad de ver participar en el ciclo, e incluso de conocer personalmente. Este año, en su novena edición, voy a estar más involucrada en el ciclo que de costumbre. He pasado de formar parte del público a presentar a algún invitado, y ahora, a colaborar como encargada del gabinete de prensa, y ayudante de producción.

El Chojín, rapero de Torrejón de Ardoz, fue el encargado de abrir el ciclo el pasado sábado. El movimiento hip hop está, hoy por hoy, más que asentado en nuestro país. Pero El Chojín se encargó el otro día de darnos a conocer cómo fueron sus inicios, a principios de los 90, cuando los únicos referentes eran los grupos de EE.UU. (Run DMC, LL Cool J, Gang Starr…), y ellos estaban empezando a rimar y a rapear. La suya fue toda una lección magistral de cultura hip hop… que contó además con un público dispuesto a absorber las enseñanzas del madrileño cual esponja. La Música Contada se ha apuntado, pues, el tanto de incluir en su programación a un artista de un género que reivindica su rango de cultura, pero que aún ha de enfrentarse al filtro de la cultura institucional, así como las propias limitaciones y carencias de sus protagonistas (no generalizadas, eso sí: he ahí los ejemplos de Cho, o de los MC’s de Violadores del Verso).

La nómina de invitados de este primer trimestre de la temporada 2008/2009 de La Música Contada se completa con el novelista Sabino Méndez (25 de octubre, Sala Gades), el periodista Jon Sistiaga (15 de noviembre, Sala Gades), y los músicos Javier Corcobado (19 de noviembre, Teatro Cánovas), Sr. Chinarro (5 de diciembre, Sala Gades) y Amancio Prada (17 de diciembre, Teatro Cánovas).

Espero veros a todos y a todas por allí…

The Lizard Queen (…en mi caso)

Aug 27

Parafraseando al amigo Ralf, “tener la libertad de decir no” es una de las ventajas de quien está a los mandos de la mesa en un local nocturno. Igualmente, también lo es tener la satisfacción de decir “sí” en ocasiones. Mi condición de veleta se impone, así que hoy voy a escribir sobre lo que mola ser dj, pinchar discos, poner música en bares, clubes y garitos de mucha/poca/dudosa reputación.

Si nos atenemos a la definición de Enrique (aka Epedé), cuando sales por ahí de garitos, “dj is God”. O, si preferís, una suerte de Rey Lagarto (como decía Jim Morrison: “I’m the Lizard King”) que parte y reparte perlas/piedras en forma de canciones que para unos son una delicia, y para otros, una tortura. La persona que está a los mandos es la que decide qué va a sonar en cada momento, en función de su discoteca, estado de ánimo, de la percepción que tiene del público que abarrota el local, o se esparce por sus rincones.

Hay momentos mágicos en los que realmente se produce un diálogo mudo entre tú y los que están bailando tu música, o simplemente la están disfrutando en silencio. Instantes preciosos en los que el fan de turno de los Smiths se te acerca para darte las gracias por hacer sonar cualquiera de las canciones de la banda británica. Estampas inolvidables que al día siguiente rememoras porque alguien se ha dado cuenta de que “sabes de lo que estás hablando” cuando le das al play (y por eso respeta tu trabajo). Pinchar discos es, la mayoría de las veces y por encima de muchas circunstancias (pesados, entrometidos… en definitiva, gente coñazo), algo muy excitante.

Con respecto al tema ligoteo que alguno apunta, pues para servidora nasti de plasti (I’m married!). En otro post hablaré de cierto tufillo machista que aún, desgraciadamente, se aprecia cuando me acerco a la mesa y hay algunos “manolos” merodeando cerca. Vaya, vaya miraditas. En fin. Cosas de tener un coño bajo las piernas (con perdón).

Una vez pasada la hecatombe feriante, afronto mi sesión del viernes con mucha ilusión. Os espero en el Trifásico de calle Beatas.

Here we go!!!!!!!!!!!!!!!

Last nite a dj fuck my life

Aug 21

La (buena) educación es fundamental en esta vida. Cuando hablo de “educación”, en este sentido, me refiero a modales. Los modales son necesarios para que todo fluya correctamente, suavemente, agradablemente. Decir “ponme” dista mucho de decir “¿podrías ponerme?”. El uso de la primera fórmula es muy común en el mundo nocturno, en el que todo son confianzas y la gente, al amparo del alcohol, se cree con derecho a dirigirse al currante de turno de la manera que le plazca. Las costumbres se relajan, ya se sabe, y los clientes del garito donde pongo música habitualmente se dirigen a una con toda la cara del mundo. Ejemplos:

-Eh! ¡Ponme algo de funky jazz! (mientras suena algo de los Charlatans)

-¡Oyeeeee! ¡Ponte algo de ElBicho! ¡O Delinqüentes! (mientras suenan Wilco, o algo de americana)

-¿No tienes nada de Nirvana? (dos minutos más tarde) ¿O de Miguel Bosé? (mientras suena Curtis Mayfield)

A la poca pertinencia de estas “peticiones” (o más bien exigencias) se une la impertinencia en las formas. ¿Cómo que “pónme”? Perdona, será “por favor, ¿podrías, si lo tienes y te gusta, ponerme algo de fulanito y tal?”. ¡Vaya con los plastic people! Pasan por alto las horas de música a la que una ha de enfrentarse para amenizar una noche con músicas de diversos géneros y épocas, en un afán ecléctico que nace de la preocupación por agradar, más o menos, a casi todo el mundo. Y que, como no, pasa por el filtro de los gustos de una: que para eso está a los mandos de la mesa.

Pero sobre todo, más que la ignorancia de determinados fiesteros que no han escuchado música en su puta vida (y que se permiten el lujo de reírse de algo tan excitante como el soul clásico), lo que más me enerva a la hora de pinchar canciones es, como decía más arriba, la escasa/carencia de modales. A cierta fauna nocturna se le olvida que para escuchar su canción favorita no tiene más que quedarse en casa, montárselo con un grupo de amigos y santas pascuas. En el momento en que entras a un local, sabes que hay un dj (normalmente pinchadiscos) que te va a hacer flipar o te va a joder la noche. Si un dj te está jodiendo la noche (sí, vale, la música de los primeros Pink Floyd no es lo tuyo), conozco una fórmula mágica que nunca falla:

¡Cambia de garito, joder!