The Exploding Plastic Inevitable (E.P.I.)
Dec 07
Andy me dijo que podría escribir una canción sobre Edie Sedgwick. Respondí, ‘¿Sobre qué?’, entonces el contestó, ‘Oh, no crees que es una auténtica femme fatale, Lou?’ Así que escribí ‘Femme Fatale’ y se la di a Nico…” (Lou Reed)
En 1966, Andy Warhol ya había empezado a usar metraje para contar con imágenes lo que hacía The Velvet Underground, así como para inmortalizar todo lo que se gestaba alrededor de la banda. Según Victor Bockris, de enero a abril de ese año, la Velvet vivió su período de oro junto a la maquinaria artística de su “director artístico”. Un año antes, Rosalind Stevenson ya les había filmado en su apartamento. Sonada fue, igualmente, la irrupción de Warhol, su séquito (entre quienes estaba la bellísima Edie Sedgwick), y la formación inicial de la Velvet en una convención de psiquiatras donde causaron algo más que sensación (el ensordecedor volumen fue descrito por uno de los asistentes como “una efímera tortura cacofónica”)… Después de aquello fue cuando Warhol rodó uno de los ensayos en la Factory bajo el título de “Symphony of Sound”.
La gira de Andy Warhol, Up-Tight se convirtió en The Exploding Plastic Inevitable. Lou Reed dice, sin embargo, que ya en la antigua Cinemateque de Lafayette Street actuaban con películas de fondo. Todo el mundo aportaba ideas en ese momento: “¿cómo lo podemos hacer más interesante?”, comentaba Warhol tras el bolo. Focos estroboscópicos cuyas lentes provocaban la ilusión de inmovilidad de los objetos; la danza del látigo de Gerard Malanga y otros bailarines como Mary Woronov (una esbelta estudiante de arte que otro de los colaboradores de Warhol, Paul Morrissey, había conocido en la Universidad de Cornell), Ronnie Cutrone o Ingrid Superestar (desposada con Satanás para la ocasión). El ruido atronador que salía de los amplificadores y que colocaba a los espectadores en el límite de sus fuerzas… “Si la gente lo aguanta diez minutos, tocaremos quince. Esa es nuestra política, que siempre se queden con ganas de menos” (Andy Warhol). Las imágenes se proyectaban por doquier, ya fuera en movimiento o con diapositivas a las que Warhol añadía papel celofán coloreado. Así, piezas audiovisuales como “Harlot”, “Banana”, “Sleep”, “Empire” o “Kiss” formaban parte del espectáculo y podían verse en todas las tonalidades posibles.
La escenografía del E.P.I. (cuyo nombre tomó Morrissey de un “texto anfetamínico e incoherente” de la portada de “Bringing It All Back Home”, de Bob Dylan) incluía a una banda que daba la espalda al personal, y un público que por vez primera tomaba cierto protagonismo. En ese sentido, y con toda la parafernalia artística que el Exploding traía consigo, es justo considerarlo como el primer show de la historia del rock que practicó la interdisciplinariedad e incluso la interactividad (rompiendo con el concepto vertical que separaba al músico/o banda de la audiencia). Tales eran su capacidad para soliviantar al no-respetable y sus dimensiones transgresoras que, incluso habiéndole pasado por encima más de cuatro décadas, el E.P.I. sigue siendo tan moderno y atrayente como en sus orígenes.
Felip Vidal i Auladell analiza la posmodernidad de esta experiencia en su texto “Cinismo y Marginalidad. Andy Warhol y The Velvet Underground en Exploding Plastic Inevitable”. Especialmente en relación con la actitud ética y estética de Andy Warhol, quien aseguraba que en Nueva York “hay tanta gente con la cual competir que la única esperanza de conseguir algo es la de cambiar tus gustos en favor de lo que la gente no quiere” [1]. ¿Oportunismo u oportunidad? Personalmente me es igual, me importa más lo que Vidal i Auladell califica como “elementos del shocker pop que son claramente valorativo-subversivos”, que son transgresores, y que forman parte del Exploding Plastic Inevitable. Una subversión no necesariamente transformadora a nivel social, pero que de alguna manera es susceptible de “vaciar de fundamento relaciones económicas y sociales propias del capitalismo avanzado” [2]. Y que, transcurrido el tiempo, goza de mejor salud que los postulados hippies, desgastados por la incoherente trayectoria de la mayor parte de quienes los enunciaron.
En “Up Tight The Velvet Underground Story”, Victor Bockris y Gerard Malanga citan a Marshall McLuhan al referirse a los objetivos formales del E.P.I, como concepto desarrollado dentro de un entorno artístico en el que los grupos minoritarios podían al fin mezclarse y comprometerse de alguna manera. “Nos hemos convertido en seres interrelacionados, responsables los unos de los otros”, aseguraba el teórico de la comunicación [3]. La representación de lo bello ya no era un asunto moderno, y la posmodernidad recogía un testigo artístico en el que actitud y aptitud convivían de forma desafiante. Posmodernidad basada en el “consenso de un gusto que permitiría experimentar en común la nostalgia de lo imposible, aquello que indaga por presentaciones nuevas, no para gozar de ellas sino para hacer sentir mejor que hay algo que es impresentable” [4]. En este sentido, cabe destacar en el montaje del E.P.I. un valor sinestésico que entremezclaba diferentes lenguajes artísticos, confundidos y en permanente evolución. Valor que se ha convertido en una constante: para muchos artistas, el escenario multimedia es poco menos que imprescindible. Un escenario que, no olvidemos, fue creado por un grupúsculo visionario y con múltiples cabezas pensantes (Barbara Rubin y Paul Morrissey, entre otros), que trabajó inspirado por la psicodelia marginal de la Velvet… Underground.
[1] Warhol, A. Mi Filosofía de A a B y de B a A, p. 102. Tusquets Editores, Barcelona, 2006.
[2] Vidal i Auladell, F. Cinismo y Marginalidad. Andy Warhol y The Velvet Underground en Exploding Plastic Inevitable.
[3] Bockris, V., Malanga G. Up Tight The Velvet Underground Story, p. 63. Editorial La Máscara, 1996.
[4] Lyotard, J. F. La posmodernidad (explicada a los niños), p. 25. Editorial Gedisa, Barcelona, 1990.

