El ritmo en las nalgas. Breves notas de una drummergirl
Aug 29
Cuando apenas tenía 20 pocos años, ya llevaba varios años disfrutando del show del rock. La puesta en escena de una banda estándar presentaba por defecto a cantantes al borde del escenario, coqueteando con el personal, y manteniendo un mudo pulso con el guitarrista de turno, ansioso por arrebatar protagonismo al líder. Al otro lado de éste solía haber un bajista ensimismado en su ritmo, portando un pesado instrumento de gruesas cuerdas de cuya importancia supe años más tarde. Quizá un teclista sonriente asomaba tras su equipo, buscando cierta complicidad por parte de los fans. Y siempre, al final del todo, entarimado pero aparte, se alzaba detrás de todos, alineado en solitario, el tío que aporreaba la batería. Muy pronto supe que era lo que más me molaba de un grupo. Al carácter físico del instrumento se unía cierto espíritu libre que emanaba del baile de las baquetas, lo que mucho después conocí como “la danza de la batería” (parafraseando a Erik Jiménez, de Lagartija Nick y Los Planetas).
Poco después, un amor platónico me llevó, definitivamente, a desear tocar la batería. Sin muchos traumas, me di cuenta de que quería más parecerme a ese chico (es decir, ser batería), que al chico en sí. Aún tuvieron que pasarme varios años encima hasta llegar a los 27, edad en la que por fin encontré a alguien que quisiera enseñarme los ritmos más rudimentarios (los que he seguido tocando), e introducirme en un instrumento que al principio me asustaba un poco, dada su estadística masculinidad. Ya sabía de otras chicas que tocaban, pero me llevaban mucha delantera, e inicié un pedagógico camino que se interrumpió antes de lo que esperaba. Así, sin sentirme preparada para nada, me puse a tocar con un grupo. Después lo dejé, luego me junté con otra gente, y comencé en otro. Más tarde, hace menos de un año, empecé con mi tercera banda. Con la que más a gusto estoy, y con la que de alguna manera he superado las inseguridades del pasado. Y todo por un cambio de perspectiva: ya no soy batería, o aspirante a batería. Ahora sólo toco los tambores. De lo sencillo se puede sacar mucho petróleo, si no que se lo digan a Maureen Tucker (The Velvet Underground). Empezó utilizando bidones de basura, y terminó dándole a los timbales con discreta precisión. Pocas bases rítmicas me gustan tanto como la de “Venus in Furs”…
Dentro del universo de drummergirls, las hay de todos los tipos: técnicas y de un virtuosismo aplastante, como Sheila E. (formó parte de la banda del quisquilloso de Prince, y como percusionista se las gasta igual de bien). De una contundencia y una creatividad sin parangón masculino, como la de Sleater-Kinney en su última época (Janet Weiss). Capaces de nadar entre la delicadeza del pop y la aspereza del punk en cuestión de segundos (Georgia Hubley en Yo La Tengo). Brillantes y sexys, como Cindy Chapman (Lenny Kravitz). O resultonas, como Linda Pitmon (batería de Steve Wynn, puro arte y oficio).
Marina (regente de ARTEstación) es otra chica a la que también le pirra el ritmo, aunque ahora dice estar más centrada en la guitarra… Pues bien, hace no mucho me contaba cómo la mayoría de las féminas que se arman de valor para posar su culo en el sillín, saben perfectamente lo que se hacen. No tratan de rellenar con redobles y cambios a destiempo las transiciones de una canción por el mero hecho de estar tocando (algo a lo que tienden de mala manera la mayoría de los tíos a los que he visto tocar con poco nivel). Se contentan, si son limitadas, con llevar el ritmo y tocar fuerte. Me resulta muy curioso el hecho de haberme encontrado con infinidad de, por ejemplo, guitarristas y compositores, que precisamente es eso lo que exigen de un batería. Que lleve el ritmo. He de suponer, pues, que si me echan de mi actual banda, quizá encuentre otra pronto. Me conformo con dotar mi tam-tam de cierta inspiración, bien a negras, bien a corcheas; con sacarle el mayor partido creativo a mis dos timbales, con no desentonar en la caja (pese a mis tímidos redobles). Y, sobre todo, con disfrutar muchísimo tocando…




